La hora de ir a dormir por la noche puede convertirse en un problema si un niño no quiere quedarse solo en su dormitorio. Suele ser una situación habitual para muchos padres, algunos de los cuales pueden acabar con su hijo durmiendo con ellos en la cama. Las razones por las que los niños tienen reticencia a dormir solos son diversas, del miedo a la oscuridad a los supuestos monstruos que se ocultan bajo la cama o las pesadillas, pero hay una base común: el instinto primitivo de supervivencia.
“El miedo es una emoción inherente al ser humano y forma parte del desarrollo evolutivo de la persona. Su función principal es proteger ante situaciones peligrosas que pueden resultar una amenaza”, explica la psicóloga Gema López. El hecho de que un pequeño busque la presencia de los adultos para ir a dormir es normal, porque así se siente protegido: “Los niños pequeños son dependientes de sus cuidadores, porque con ellos tienen un vínculo de apego que les genera seguridad, y al separarse de ellos para ir a dormir pierden esa referencia”.
Los menores pueden tener miedo a situaciones que a los adultos no les parecen amenazadoras. “Por ejemplo, ver una marioneta, que para ellos habla y se mueve sola”, prosigue López, “por lo que conviene ser empático, para no juzgar y poder acompañar y sostener con el fin de conseguir que, poco a poco, se alcance un sueño más autónomo y desaparezcan los temores”. Otras de las razones de los temores en el momento de ir a dormir son los sueños turbadores. “Afectan al sueño nocturno las pesadillas (sueños inquietantes que se recuerdan) y los terrores nocturnos (sueños inquietantes que se olvidan), además del miedo a la oscuridad o el pensamiento mágico, con el que se pueden imaginar monstruos, o también la vivencia de sucesos y experiencias estresantes, como una mudanza”, añade.






