La preocupación por las defensas reaparece cíclicamente. Pasó durante la pandemia y ha regresado ahora con los recientes casos de hantavirus, un virus hemorrágico que puede provocar cuadros graves y que ha devuelto al centro de la conversación una pregunta recurrente: ¿cómo saber si nuestro sistema inmunitario está funcionando correctamente?Para Manuel Hernández, jefe del servicio de Inmunología del Hospital Vall d’Hebron, en Barcelona, lo primero es rebajar cierta obsesión contemporánea alrededor de las defensas. “En una persona sana no tiene sentido vivir preocupándose constantemente por el sistema inmunitario”, resume. De hecho, explica que gran parte de las personas que creen tener las defensas “bajas” simplemente están atravesando procesos normales: catarros, virus respiratorios estacionales o momentos de mayor cansancio físico.El especialista insiste en que el sistema inmunológico no funciona como un interruptor que pueda subirse o bajarse rápidamente mediante suplementos, alimentos milagro o rutinas virales de internet. “La respuesta inmunológica es multifactorial”, explica. Es decir: depende de numerosos mecanismos biológicos y no de un solo alimento, vitamina o hábito concreto. Ni tomarse una naranja diaria ni los baños de agua fría van a transformar por sí solos la capacidad del organismo para responder frente a las infecciones.Lee tambiénNi tomarse una naranja diaria ni los baños de agua fría van a transformar la capacidad del organismo para responder a infeccionesHernández recomienda recurrir a un especialista solo cuando las infecciones empiezan a repetirse de forma poco habitual o presentan una gravedad anormal. “Personas que encadenan neumonías, infecciones respiratorias frecuentes, diarreas recurrentes o procesos infecciosos persistentes son las que requieren un estudio inmunológico completo”, señala. En esos casos, los especialistas realizan pruebas específicas destinadas a analizar cómo está funcionando el sistema inmune.Buena parte de estos estudios se realizan mediante análisis de sangre, en los que se observan proteínas relacionadas con la respuesta inmunológica, especialmente las inmunoglobulinas, fundamentales para bloquear virus y bacterias antes de que entren en las células. “Dependiendo del tipo de infección podemos sospechar qué parte del sistema inmunitario está fallando”, explica el inmunólogo. Algunas personas presentan inmunodeficiencias genéticas, mientras que otras desarrollan alteraciones inmunológicas derivadas de enfermedades, tratamientos oncológicos o fármacos inmunosupresores.Salvo que el cuerpo empiece a dar señales claras de alarma, probablemente las defensas estén haciendo correctamente su trabajo sin necesidad de convertirlas en una preocupación LVDurante la pandemia, los inmunólogos aprendieron hasta qué punto la respuesta frente a un virus puede variar enormemente entre individuos. “Había personas completamente sanas que reaccionaban peor a la covid porque tenían alterados determinados mecanismos de defensa”, recuerda Hernández. El especialista explica también que existen personas con respuestas inmunológicas innatas más eficaces frente a ciertos microorganismos y otras más vulnerables frente a infecciones concretas. “No todo el mundo responde igual y eso no significa necesariamente que exista un problema o que la persona tenga el sistema inmunológico debilitado”, aclara.Dormir bien, hacer ejercicio, no fumar y mantener una alimentación equilibrada son hábitos que favorecen una respuesta inmunológica adecuadaAun así, el inmunólogo insiste en que el principal mensaje no debería ser el miedo, sino entender cómo funciona realmente el organismo. Porque las defensas no son una especie de escudo mágico, sino un sistema extremadamente complejo que trabaja de forma constante y silenciosa. Hernández utiliza incluso una comparación bastante gráfica para explicarlo: primero actúa la inmunidad innata –“como unos antidisturbios”, dice– y después entra en juego la inmunidad adquirida, más especializada y con memoria inmunológica, “como una policía científica”.Lo que sí parece influir claramente en el funcionamiento del sistema inmune son hábitos mucho más mundanos que los que suele vender el universo wellness. Dormir bien, hacer ejercicio físico regular, evitar el estrés crónico, no fumar y mantener una alimentación equilibrada rica en frutas, verduras y hortalizas son hábitos que ayudan a reducir procesos inflamatorios y favorecen una respuesta inmunológica adecuada. “El sistema inmunitario está muy relacionado con el sistema neuroendocrino”, explica Hernández. “Cuando vivimos con estrés permanente se activan mecanismos inflamatorios que no son buenos para las defensas”.En realidad, gran parte de los especialistas coinciden en que cuidar el sistema inmunitario se parece mucho a cuidar la salud en general. La nutricionista Xènia Sinfreu, directora académica de la Universitat Carlemany de Andorra, recuerda que no existen alimentos milagro, aunque sí nutrientes importantes para el correcto funcionamiento de las defensas. Vitaminas como la C, la D o la A, además de minerales como el zinc o el hierro, participan en numerosos procesos inmunológicos y pueden obtenerse fácilmente mediante una alimentación variada.Los cítricos, el kiwi o el pimiento rojo son ricos en vitamina C; huevos y pescados aportan vitamina D (aunque esta se obtiene fundamentalmente a través de la exposición al sol); y frutos secos como nueces y avellanas contienen zinc y grasas saludables. También el pescado azul resulta interesante por su aporte de omega-3, relacionado con procesos antiinflamatorios. Sin embargo, Sinfreu insiste en que el problema suele estar más en el patrón global de vida que en alimentos concretos. “Una buena alimentación contribuye a mantener un estado saludable, pero no es lo único: debe ir acompañada de un descanso correcto y de actividad física regular”, señala.El estrés puede influir en el funcionamiento del sistema inmuneGetty ImagesEl estrés puede estar detrás de numerosas patologías”Sergi RoviraNutricionistaEn la misma línea, el nutricionista Sergi Rovira recomienda priorizar frutas y verduras de temporada, legumbres, cereales integrales y alimentos frescos frente a ultraprocesados ricos en azúcares, grasas saturadas y sal. Y recuerda algo aparentemente sencillo, aunque cada vez más difícil de aplicar: comer con cierta calma y mantener una vida relativamente ordenada. “El estrés puede estar detrás de numerosas patologías. De hecho, a menudo basta con hacer algunos cambios en el estilo de vida para notar no solo una mejora en el estado general de salud, sino también mayor facilidad para perder peso y un mejor estado de ánimo”, explica.Porque, pese a la enorme cantidad de suplementos milagrosos que circulan actualmente por internet, el sistema inmunitario sigue siendo más complejo de lo que sugiere el marketing. Y quizá la principal conclusión que extraen los inmunólogos sea precisamente esa: salvo que el cuerpo empiece a dar señales claras de alarma, probablemente las defensas estén haciendo correctamente su trabajo sin necesidad de convertirlas en una preocupación permanente.