Adrián Arias |
Valladolid (EFE).- El cocido vuelve a saber a puchero, las espinacas recuperan su color y el arroz con leche evoca otra vez al hogar y es que, para muchas personas mayores con disfagia, la dificultad para tragar que obliga a modificar la textura de los alimentos, la hora de la comida se ha convertido en un ritual anodino donde el sabor de la comida queda diluido en insípidos purés.
Pero ahora, una iniciativa impulsada en residencias de mayores busca revertir esa situación transformando los triturados en platos reconocibles, seguros y visualmente atractivos mediante gelatinas, espumas, moldes y otras técnicas culinarias que permiten reconstruir la apariencia original de los alimentos sin comprometer la seguridad de quienes los consumen.
Una cocinera prepara uno de los platos en forma de mousse servido en una residencia de mayores que ha supuesto la alegría de los usuarios con problemas de disfagia. EFE/Nacho Gallego
Detrás del proyecto está la chef Sara Mora, que lleva más de veinte años investigando sobre texturas modificadas y que ahora aplica a las residencias de mayores de la compañía CleceVitam.







