Bajad las armasHace mucho que nuestro tenorio de Tetu�n no cultiva ya otro instinto que el de supervivenciaGaspar Zarr�as, en 2015, a su salida de declarar en el Tribunal Supremo por el caso del os ERE de Andaluc�a.Actualizado Jueves,

mayo

23:02Audio generado con IACabe preguntarse hasta d�nde habr�a llegado Pedro S�nchez con el f�sico de Gaspar Zarr�as. El hombre que todav�a preside el Gobierno espa�ol debe seguramente su carrera pol�tica a la clase de desparpajo que fomenta la apostura. Lo que viene siendo el chulo madrile�o de toda la vida, o sea. El cuajo del burlador, por acogernos al canon sevillano, que delata una ausencia ol�mpica de escr�pulos para seducir sin permiso y negarlo despu�s. Un narciso nato acentuado por la costumbre de llegar y vencer, y que por eso mismo no sabe lidiar con la frustraci�n. Cuando le oigo hablar, con esa oquedad de odre que falsea cada una de sus s�labas, siempre me acuerdo de la frase que se le escap� a cierto diputado socialista menos agraciado que �l, compa�ero de salidas nocturnas en los dulces tiempos de las Juventudes: �C�mo se nota que este no ha tenido que hablar para ligar�. Efectivamente, si Pedro suena a falso es porque nunca necesit� trabajarse la credibilidad discursiva o la empat�a emocional para satisfacer un instinto.Hace mucho que nuestro tenorio de Tetu�n no cultiva ya otro instinto que el de supervivencia. Pero cuando finalmente caiga, podr� poner en su epitafio pol�tico que dur� m�s que muchos mejor dotados intelectualmente que �l, y desde luego mucho m�s que esos compa�eros de partido que lo llamaban despectivamente el Guapo a falta de otras cualidades. Lo cual, para alivio de luditas, equilibra el combate del hombre contra la IA. Quiz� acabemos votando hologramas -en un cap�tulo de Black Mirror se presenta a las elecciones el avatar de un oso azul antisistema y queda segundo-, pero el pueblo seguir� prefiriendo a una persona durante bastante tiempo. Mejor dicho: al envoltorio de la persona, porque a la persona no la conoce hasta que ya es demasiado tarde.La duraci�n del sanchismo prueba por tanto la terca vigencia del viejo patr�n de masculinidad que fustigan los mismos podcast feministas adonde Pedro acude a hacer campa�a. De la toxicidad de su compa��a y de la soberbia de su mando ya hablar�n las v�ctimas cuando pierda el poder de represaliarlas o de recompensarlas, regalando as� al antisanchismo la metadona de un ep�logo suculento: muerto el perro, no se acabar� la rabia. Pero lo que de momento importa concluir es que la pol�tica sigue siendo el arte de las apariencias, de la seducci�n infundada y del enga�o masivo. Y los mentirosos est�n mejor dotados para su ejercicio que los honestos.