De todas las personas que han formado parte de los diferentes gobiernos de Andalucía, Gaspar Zarrías Arévalo (Madrid, 71 años) es el que ha tenido más poder. Es bajito, calvo y sentimental. Es hiperactivo y, en su etapa política, se le reprochaba y aplaudía su habilidad para expandirse como los gases para ocupar cualquier hueco vacío. Amigo de sus amigos, puede ser también un duro enemigo, aseguran los que le conocen.Arreglaba todo tipo de descacharre político, sabía ver en la bruma, cumplía su palabra en los pactos con el PP, detectaba los problemas con anticipación y era capaz de irse al pueblo más lejano de Jaén la noche electoral cuando las cosas no iban bien para dar ánimo. “Es como una bolita de mercurio”, dijo de él una exconsejera andaluza para describir su extraordinaria capacidad para multiplicarse en lugares y tareas y su condición de inasible. Otros aseguran que su capacidad de acierto se debía a que jugaba a varias barajas a la vez y no a una. Y, aunque era muy precavido con los papeles y documentos, anotaba en cuadernos cómo había sido su jornada laboral.El nombre de Zarrías ha saltado al primer plano tras su imputación por el juez Pedraz por su presunta implicación en “una trama para desestabilizar procedimientos judiciales que afectaban al partido o al Gobierno”. Su despacho Zaño Sociedad Consultora contrató a Leire Díez entre junio y septiembre de 2024, según recoge el auto del juez de la Audiencia Santiago Pedraz.Le pagó a Leire Díez 16.000 euros (4.000 euros mensuales, cuatro meses) con el fin de averiguar si el comisario José Manuel Villarejo estuvo detrás del germen del caso de los ERE, por el que fue condenado, aunque luego el Tribunal Constitucional anuló gran parte de la sentencia. Zarrías contó al juez en abril de 2026 que el trabajo de Díez “desgraciadamente” no determinó la participación de Villarejo y que la contratación partió de él no del PSOE. Ahora Pedraz quiere saber si la empresa de Zarrías fue el “vehículo” utilizado por el PSOE para pagar a la exmilitante socialista.Familia represaliadaGaspar Zarrías empezó a militar en el PSOE en 1972, con tan solo 17 años. Su padre y sus dos abuelos fueron represaliados por el franquismo y este hecho lo marcó siempre. Como contó la periodista Anabel Díez en EL PAÍS, el padre del exconsejero andaluz, Juan, con 19 años, fue testigo del fusilamiento de su progenitor, Gaspar. Padre e hijo estaban presos en la cárcel de Cazalilla en Jaén, pueblo del que Gaspar, del PSOE, era alcalde. Una mañana de febrero de 1940 se oyó un grito: “¡Zarrías!” “¿Padre o hijo?”, preguntó un funcionario. El padre fue la respuesta. Lo fusilaron de inmediato.Zarrías llegó a ser concejal de Cazalilla, donde el PSOE se impuso en las pasadas elecciones autonómicas con el 41,5% de los votos en medio de la debacle generalizada. Jaén es su raíz y donde creó una escuela de cómo se ejerce la militancia consistente en el pico y pala que muy pocas agrupaciones socialistas conservan. Ganó todas las batallas internas. Durante 16 años fue secretario general del PSOE de Jaén. El día que abandonó el cargo (aunque fue elegido presidente del partido) en 2010 Zarrías dijo a los suyos: “El padre no se ha muerto, ni se va” y facilitó el número de su teléfono móvil a los pocos que todavía no lo tenían y que sigue conservando.Con 27 años fue elegido parlamentario andaluz y con 33, en 1988, fue nombrado consejero de la Presidencia en el Gobierno del socialista José Rodríguez de la Borbolla. Ese puesto representa la sala de máquinas del Ejecutivo andaluz, donde se controla y coordina todo, y del que jiennense salió dos años después tras la guerra entre borbollistas y guerristas. Como todo dirigente que se precie pasó por una (cómoda) travesía del desierto como senador por la comunidad autónoma.De su paso por la Cámara alta quedó en el imaginario un engaño, el de que había votado con los pies en el pupitre de un compañero ausente. Él votó en unos cuantos escaños vacíos con las manos, pero el de los pies fue el senador Joaquín Galán.En 1995, y con un Gobierno presidido por Manuel Chaves en minoría y algunos socialistas guardando la ropa porque aventuraban, sin éxito, la pronta llegada al poder del PP de Javier Arenas, Zarrías es nombrado consejero de Industria. En ese momento, Andalucía es un polvorín por la crisis económica que pone al borde del colapso empresas como Puleva, Astilleros, Intelhorce, Cárnicas Molina o Santa Motor. Zarrías se multiplica para apagar fuegos, no se esconde y es ahí donde empieza a desplegarse una política de ayudas a empresas que a partir de 2001 hasta 2009 se materializaría en el fondo de 647 millones de euros para financiar expedientes de regulación de empleo y que desembocaría en el caso de los ERE y la condena más tarde de 19 altos cargos socialistas, entre ellos los expresidentes Chaves y Griñán.Zarrías estuvo de consejero de la Presidencia en los cuatro gobiernos siguientes de Chaves, 13 años ininterrumpidos, periodo en el que algunos lo consideraban “el virrey” de Andalucía. A él le gustaba ese apelativo, aunque no se correspondía con la realidad, porque Chaves siempre estableció contrapuntos y equilibrios de poder en sus equipos para mantener firme la mesa. En el último Ejecutivo ocupó la vicepresidencia primera y durante 16 días presidente de la Junta en funciones cuando Chaves es nombrado por José Luis Rodríguez Zapatero vicepresidente tercero. Zarrías lo acompaña a Madrid y se hace cargo de la secretaria de Estado de Cooperación Territorial.Ya no es militante del PSOE Su imputación en el caso de los ERE le obligó a pedir la baja como militante socialista. La formalizó el 2 de junio de 2016 y no ha vuelto a pedir el alta, según confirman desde el PSOE de Jaén. Zarrías, que fue condenado a nueve años de inhabilitación, aunque el Tribunal Constitucional anuló parte de la sentencia, visitaba con frecuencia en la cárcel a sus compañeros y mantenía contactos con sus familias.Abogado de profesión abrió un despacho en Madrid donde hizo trabajos para la Real Federación Española de Fútbol entre otros clientes y ahora estaba jubilado, aunque mantenía cierta actividad. Casado, con dos hijos y tres nietos, Zarrías volvía con frecuencia a Sevilla para visitar a uno de sus hijos. El pasado martes, la víspera de que la UCO registrara su domicilio, comió con tres amigos en la capital andaluza. “Le vi un poco raro”, asegura uno de los comensales. Hablaron del caso Zapatero y Zarrías se interesó por la reforma de la jubilación flexible aprobada por el Consejo de Ministros.
Zarrías, el consejero con más poder de Andalucía, de nuevo en el punto de mira
El ex alto cargo socialista, imputado por el ‘caso Leire’, fue inhabilitado por el ‘caso ERE’ pero el Constitucional anuló parte de la sentencia












