Podemos imaginar dos finales para esta legislatura: uno excepcional y otro normal. El excepcional empieza a abrirse paso en algunas tribunas y conversaciones pol�ticas. A grandes rasgos, consistir�a en un planteamiento plebiscitario por parte del presidente del Gobierno: convertir las pr�ximas elecciones en algo m�s que una alternancia entre partidos, presentarlas como una confrontaci�n existencial entre dos modelos de pa�s y montar una suerte de Frente Popular. Por ahora sigo consider�ndolo improbable, pero el simple hecho de que ese escenario empiece a debatirse ya dice mucho sobre el clima pol�tico actual.Precisamente por eso merece m�s la pena analizar el desenlace normal: unas elecciones generales en los pr�ximos meses dentro de los cauces habituales de la democracia espa�ola. Esta tribuna contin�a la que publiqu� el pasado 18 de marzo tras las elecciones de Castilla y Le�n, incorporando ahora tambi�n los resultados definitivos de las andaluzas.Lo que s� me atrevo a aventurar es que las pr�ximas elecciones que tendremos en Espa�a ser�n las generales. La ret�rica de aguantar hasta el verano de 2027 empieza a resultar insostenible. Nunca hubo una verdadera mayor�a legislativa, pero ahora la pol�tica ha entrado ya en otra fase: la de preparar los motores con los que cada partido llegar� a la contienda electoral. Siempre cre� que la apuesta de Pedro S�nchez por agotar la legislatura era veros�mil, salvo por un detalle decisivo: esperar hasta el �ltimo l�mite legal te deja sin margen de maniobra. Por eso, si hay elecciones normales, probablemente ser�n antes del final de la legislatura.Las recientes auton�micas han reforzado adem�s la sensaci�n de que, si las generales no llegan antes, el PSOE puede seguir perdiendo poder territorial. Las encuestas apuntan a una mayor�a de derechas en Asturias, Bildu podr�a superar al PSN en Navarra y Castilla-La Mancha vuelve a depender de un esca�o, como mostraba la reciente encuesta de Sigma Dos para este diario. A ello se suma la presi�n de alcaldes socialistas que temen verse arrasados por el desgaste pol�tico si antes no se produce alg�n giro de tendencia. Sea en oto�o o en primavera, la campa�a ya ha empezado, y ni siquiera el tradicional par�n de agosto frenar� los preparativos electorales.Salvo sorpresa may�scula, PP y Vox alcanzar�n una mayor�a holgada si se repiten las tendencias vistas en este ciclo electoral. Desde 2024 se han celebrado unas elecciones europeas y comicios auton�micos en siete comunidades que representan a m�s de la mitad de la poblaci�n espa�ola, y todas apuntan en la misma direcci�n. Tras analizar este ciclo electoral, la conclusi�n m�s evidente es que la izquierda ni siquiera est� recuperando los esca�os que perdi� en 2023. Los resultados de aquellas generales ya no son una excepci�n: son el punto de partida a partir del que la derecha solo puede sumar esca�os.A partir de ah� aparecen tres procesos que refuerzan a�n m�s una mayor�a de centroderecha en el Congreso. Cualquiera de ellos, por separado, bastar�a probablemente para dar a la oposici�n actual los cinco diputados que le faltaron en 2023; combinados, podr�an llevar a PP y Vox a una mayor�a que Espa�a no ve desde 1982. �Cu�les son esos tres procesos?El primero es el colapso de Sumar. Su ca�da de votos regala autom�ticamente esca�os al PP en circunscripciones medianas como C�rdoba o Granada, incluso aunque los populares no ganen nuevos votantes. Basta con que sigan siendo la primera fuerza, algo que hoy parece pr�cticamente asegurado. Y aunque el efecto principal beneficie al PP, Sumar tambi�n perder� representaci�n hacia otro lado: las izquierdas identitarias y territoriales, hoy el �nico espacio progresista claramente al alza. Ya se ve en Galicia y Andaluc�a, y podr�a extenderse tambi�n a Catalu�a o Pa�s Vasco.El segundo proceso que refuerza la mayor�a de centroderecha es el auge territorial de Vox. Aunque ha pasado m�s desapercibido, probablemente sea el cambio m�s importante de este ciclo para entender una posible alternancia de gobierno. Vox ya no depende solo de grandes ciudades o de provincias muy pobladas: ha demostrado capacidad para competir en pr�cticamente todo el territorio, algo que en la Espa�a democr�tica solo hab�an logrado antes UCD, PSOE y PP. En las auton�micas de 2025 y 2026 ha obtenido representaci�n en todas las provincias donde se ha votado.Y eso tiene un efecto decisivo en el sistema electoral espa�ol. En muchas provincias peque�as, de tres o cuatro esca�os, Vox ya est� en condiciones de arrebatarle al PSOE su segundo diputado. Como hemos visto en Andaluc�a, este patr�n convierte a la derecha en un bloque especialmente eficiente a la hora de transformar votos en esca�os: el PP se beneficia del pr�mium que otorga ser la fuerza m�s votada, mientras Vox compite pr�cticamente sin rival por el tercer o cuarto esca�o.Lo m�s llamativo es que estos dos procesos son, en gran medida, independientes de la evoluci�n del voto a PP y PSOE. Basta con que se mantenga la din�mica de los �ltimos cinco a�os: una ligera ventaja del PP sobre los socialistas. El PP no necesita una victoria amplia; le basta con quedar por delante. Y eso es precisamente lo que viene ocurriendo de forma bastante estable desde junio de 2021, tanto en la media de encuestas como en las distintas elecciones celebradas desde entonces. En el clima pol�tico actual, adem�s, parece dif�cil que el PSOE recupere el terreno perdido durante el �ltimo lustro.El tercer proceso es que el PSOE, lejos de recuperarse, sigue acusando el impacto de cada nuevo esc�ndalo de corrupci�n. A medida que el ciclo informativo pierde intensidad, logra recomponerse parcialmente, pero solo para �hacer la goma�, usando el argot ciclista: mantenerse cerca del grupo de escapados –en este caso el PP– sin tener fuerza suficiente para alcanzarlo. M�s que un escenario de resistencia, las auton�micas han dibujado para los socialistas un panorama de retroceso sostenido, con m�nimos hist�ricos en muchos territorios.Ese hundimiento en el sur tiene adem�s consecuencias directas en el reparto de esca�os. En provincias como Badajoz o Huelva, el PP puede arrebatarle diputados simplemente por quedar por delante, incluso sin aumentar su porcentaje de voto. Y a ello se suma otra presi�n adicional: el crecimiento de izquierdas identitarias como Adelante Andaluc�a, que tambi�n podr�an disputarle representaci�n en provincias como Sevilla o C�diz.Visto desde la perspectiva de la izquierda, repetir el escenario de julio de 2023 exigir�a que ocurrieran varias cosas al tiempo: que las izquierdas alternativas lograran articular una alianza electoral al menos tan eficiente como lo fue Sumar, que el PSOE dejara de hundirse en buena parte de las provincias y que Vox retrocediera dos o tres puntos. Es decir, necesitar�a revertir simult�neamente los tres procesos que hoy favorecen a la derecha. Ninguna de estas condiciones parece razonable en el plazo de unos meses.En definitiva, si las tres tendencias descritas se consolidan al mismo tiempo –como ha ocurrido en buena parte de las elecciones auton�micas de este ciclo–, el pr�ximo Congreso podr�a alumbrar una mayor�a conservadora de una magnitud in�dita desde los a�os ochenta.�Tiene la izquierda una v�a para contrarrestar estos movimientos? Creo que s�, pero dif�cilmente en el plazo m�ximo de un a�o. M�s bien parece un proceso que se desarrollar� en los pr�ximos ciclos electorales. Espa�a es hoy una de las pocas excepciones –casi la �nica relevante– de Gobierno progresista en Europa, en un continente donde el dominio de las derechas es cada vez m�s amplio. Ese cambio acabar� forzando tambi�n una refundaci�n de las izquierdas.Pero todo eso sigue siendo todav�a muy incipiente y requerir�a una transformaci�n pol�tica y cultural que a�n no se ha producido. Por ahora, si el final de la legislatura es normal, la principal inc�gnita no parece ser qui�n gobernar� Espa�a, sino la magnitud del cambio de ciclo que pueden traer las pr�ximas generales.Luis Miller es soci�logo y cient�fico del CSIC y autor de ‘Polarizados. La pol�tica que nos divide’ (Deusto, 2023)
La mayor�a que viene
Podemos imaginar dos finales para esta legislatura: uno excepcional y otro normal. El excepcional empieza a abrirse paso en algunas tribunas y conversaciones pol�ticas. A grandes...












