Imagínese que, de repente, se queda sin luz durante horas, incluso días. Que no hay gasolina en 100 kilómetros a la redonda. Que no se puede encender la vitrocerámica. Que no quedan ibuprofenos. Pero oiga, la vida tiene que seguir. Quizá piense que no hay otra solución que echarse a llorar. No es lo que está pasando en Cuba. En medio de la peor crisis humanitaria que ha sufrido la isla y a la espera de la inminente borrasca Trump, los cubanos hacen alarde de un despliegue de inventiva, ingenio e imaginación para suplir lo que el régimen castrista no les da. Desde coches propulsados con carbón a cocinas solares, pasando por recuperar los jardines de plantas medicinales o sacar gasolina del plástico. No son meras anécdotas de barrio protagonizadas por frikis que quieren llamar la atención. Es supervivencia, y muy extendida en toda la isla. "El cubano se le escapó al diablo” La cuestión de la gasolina es el ejemplo más claro de la presión ejercida en los últimos meses por parte de Estados Unidos. Si la escasez viene de lejos, ahora la situación se ha vuelto crítica después del cerrojazo de Venezuela (tras la captura de Nicolás Maduro), y de México, que suspendió sus envíos "humanitarios" tras unas llamadas de Washington. El bloqueo estadounidense a la entrada de cualquier buque de combustible a la isla ha puesto en jaque hasta las propias fuerzas armadas cubanas. En una demostración propagandística de que los cubanos "estarían dispuestos a luchar" contra una hipotética invasión de EEUU, el Ejército se vio obligado a utilizar bueyes para tirar de un arma antiaérea en unas maniobras militares. La tracción animal lleva décadas siendo la única salida para los campesinos que a duras penas continúan produciendo comida en Cuba. Pero al estar aparcados por falta de carburante los viejos tractores que quedaban, las empresas agrícolas estatales han lanzado una convocatoria para capar toros y domarlos con el objetivo de formar hasta 8.000 yuntas de bueyes. Ante el avance del buey, burro y caballo, por eso los taxistas también se resisten a desaparecer y apuestan por el sol para seguir moviéndose. En redes sociales se han viralizado varios "inventos" cubanos en materia de movilidad, como un bicitaxi (bicicleta de tres ruedas hecha con retazos metálicos), que se mueve gracias a un sistema eléctrico alimentado por un panel solar. O un triciclo eléctrico al que su dueño le adaptó un panel solar que lo carga. "Soy informático de profesión, pero me propuse instalar este panel a mi triciclo por la falta de electricidad para cargarlo", explicó a Al Jazeera. “Siempre me gustó la idea de producir mi propia electricidad en un país como este con tantos problemas energéticos. Nosotros somos muy resolutivos. El cubano se le escapó al diablo”. Otro caso muy mediático es el del hombre que ha modificado el motor de un coche de gasolina para que funcione con carbón vegetal de marabú. Se trata de un pequeño Fiat Polski 126 que, sin combustible, estaba condenado al desuso. En la España de la posguerra también se trucaron motores de combustión interna para quemar leña o carbón. En Cuba incluso se ha llegado a obtener combustible casero mediante complejos métodos químicos. El fenómeno trascendió en redes sociales porque mostraba cómo un hombre quemaba plástico y a través de un rudimentario sistema de tuberías obtenía una presunta gasolina. “Este depósito de aquí es para que adquiera más octanaje la gasolina y baje después más pura”, explicaba el hombre en un video filmado a campo abierto. “Le damos calor allá (a los plásticos) y para que la gasolina no pueda retornar le hice estas curvas a los tubos. Al principio la gasolina me salió mala, muy churrosa, pero esta sí está buena”. Este método se llama pirólisis y las propias autoridades lo han impulsado a través de sus instituciones, premiando a los vecinos de algunas ciudades para que recolectaran tapas y bolsas plásticas que luego serían quemadas con el objetivo de obtener combustible. A modo de incentivo, "los barrios con mayores índices de recolección de plástico recibieron recursos para el embellecimiento de fachadas y jardines". Estos fenómenos alocados empiezan a ser un patrón habitual incluso para el establishment, que ante una idea pedestre se anima y la convierte política de Estado. Por eso ordenó ampliar el cultivo estatal de plantas medicinales para paliar la escasez de antibióticos, analgésicos o antidepresivos. A nivel de hogar, ancianos como Juana, vecina de 83 años de una pequeña localidad a 180 kilómetros al este de La Habana, tienen que cultivar sus propias plantas para sustituir las pastillas por infusiones. "Desde que llegó la pandemia las farmacias de aquí se quedaron vacías y a veces mis hijas consiguen algún medicamento, pero los revendedores los tienen muy caros. Por eso tengo en el patio un jardín con plantas para casi todo y gracias a eso sobrellevo la migraña y los dolores de rodilla. Me duelen las manos y la espalda de agacharme para atender las plantas cada día, pero son mi única opción", cuenta a El Confidencial. Jardines como el de Juana son consecuencia de la escasez de fármacos que arrasa también en los hospitales cubanos. En el país que se vendió históricamente como una potencia sanitaria (gracias a sus médicos), apenas quedan doctores o medicamentos. Se han suspendido las cirugías electivas (la OMS asegura que se han retrasado 100.000 intervenciones quirúrgicas), y ni siquiera se hacen analíticas de rutina debido a la falta de reactivos de laboratorio. Las redes sociales se han convertido en un escaparate de denuncias sobre la precariedad del sistema: desde cirugías que se hacen a la luz de un móvil por los apagones hasta familias desesperadas que buscan visas humanitarias para salvar a sus hijos de enfermedades antiguamente tratables dentro de la isla. En el caso de alimentación, el ingenio cubano no se ha quedado atrás. Hay videos en YouTube con miles de vistas que muestran a un campesino creando un “fogón de tres bocas” para cocinar con leña, o a una mujer que logró su infusión colocando una cafetera italiana sobre una lata de atún transformada en estufa. Carretón tirado a caballo para cargar agua hacia las casas del municipio cubano de Colón. (A.H.S.) Quizás la más curiosa de todas estas “innovaciones” ha sido la de las cocinas solares, pero no porque sean nuevas, sino por lo que cuestan. Estas cocinas, que han protagonizado varios videos virales en redes, vienen de China y algunas páginas web las venden dentro de la isla por más de 200 euros. Pero ni siquiera con estos aparatosos equipos el cubano resuelve su problema, pues mientras se calienta el espejo cóncavo y la energía solar se traspasa a la cazuela, los alimentos tardan horas en cocinarse completamente. Otro problema que resulta extremadamente difícil de solucionar es el acceso a internet. Algunas familias han optado por construir antenas caseras que sirven como fundas a los móviles y así se potencia la escasa señal de datos que hay en muchas partes. “En Cuba el internet es malísimo, así que los cubanos la inventan”, dice una adolescente en un reel que colgó en Instagram junto a su abuelo y acumula más de seis millones de reproducciones y 14.000 comentarios. “Mi abuelo construyó una antena casera con latas de aluminio, la subió al techo y mejoró la conexión. El ingenio cubano no tiene límites”. “Este país es un barco a la deriva” Todos estos ejemplos de picaresca cubana no han rebajado ni un ápice la creciente tensión entre el pueblo y los núcleos de poder. En la noche del 13 de marzo de 2026 fue saqueada e incendiada la sede del Partido Comunista de Cuba en Morón, en la central provincia de Ciego de Ávila. Desde los históricos disturbios de julio de 2021 no se registraban sucesos tan violentos. En céntricas zonas de La Habana han marchado vecinos con sus cazuelas en la mano para exigir comida y electricidad tras largas jornadas de apagón. Otros han hecho fogatas en plena vía pública para impedir el paso de vehículos, o han cerrado directamente avenidas con filas de baldes vacíos como muestra de la falta de agua que padecen. Un joven habanero de 29 años que vive muy cerca de la Plaza de la Revolución de La Habana explica bajo anonimato cómo se vive esta situación allí: "Hoy por suerte nos entró un poquito de agua en la cisterna y tenemos para bañarnos y cocinar, aunque hasta hace poco nos bañábamos cada dos días por la falta de agua. Estamos desmoralizados. Desde hace meses lo normal es que tengamos electricidad cuatro horas y pasemos 15 en apagón. Por eso mis vecinos salen con frecuencia a sonar cazuelas y ha aumentado la presencia de policías en las calles. Estamos cansados y queremos vivir mejor, pero la prioridad es buscar comida y agua para sobrevivir". Desde que Trump aumentó la frecuencia de sus amenazas hacia el régimen, este joven habanero y su familia han invertido los ahorros que tenían en aprovisionarse. “Compramos los medicamentos de mi abuela y mucha comida enlatada, porque al final no sabemos lo que va a pasar. Cogí 10.000 pesos (18 euros) y compré un montón de botellas de agua para tomar, ya que la poca agua que nos llega está muy sucia y es imposible beberla. La sensación es que este país es un barco a la deriva".