El hastío de la población, sometida a constantes apagones y pobreza crónica, se agudiza por el cerco energético de Trump
La escasez de combustible sigue haciendo mella en una Cuba al límite que, con cada día que pasa, acumula razones para el descontento. Los habitantes de la capital, con más impotencia que determinación porque no le ven el final a la precariedad, han vuelto a agarrar sus calderos para protestar por las prolongadas horas sin electricidad. La última semana, los apagones se han cebado con los barrios de La Habana ―en el resto de provincias del país ya las afectaciones superan las 24 horas desde hace tiempo―, alternando unas cuatro horas de electricidad con unas 15 horas de apagón. “Así no hay quien trabaje, ni estudie, ni sea feliz”, dice Leandro Fernández, un joven estudiante de la Universidad de La Habana que reside en la barriada del Cerro. Conversa, cazuela en mano, fiel a una costumbre que puso en práctica desde hace una semana, junto con otros vecinos, sobre las nueve y media de la noche, cuando ya es habitual que lleve unas 13 horas sin electricidad.
Al igual que en la calle de Leonardo, otros barrios de La Habana han tomado la misma determinación y los cacerolazos se escuchan en zonas de Centro Habana, San Miguel del Padrón, La Lisa y otras localidades de la ciudad, casi como un grito, un desahogo, una llamada de atención en medio de la debacle de un país a oscuras. Más de un mes después de iniciado el cerco petrolero estadounidense contra la isla y ante la imposibilidad de las autoridades cubanas de mantener ciertos servicios, como el transporte y las universidades abiertas, que garanticen el flujo normal de la vida, la gente busca la manera de exigir soluciones y ser escuchada, ya sea reflexionando en un post crítico en Facebook, haciendo sonar las cazuelas, o montando una asamblea universitaria, organizada de manera independiente, para intentar destrabar el precario funcionamiento de la universidad cubana, sobre todo, en el último mes, cuyas clases se han impartido a través de grupos de Whatsapp y en plataformas online han estado prácticamente paralizadas.








