Cuba atraviesa una crisis que amenaza los pilares que sostuvieron al régimen durante más de seis décadas. La economía se hunde, los apagones paralizan el país y la escasez de combustible golpea desde el transporte hasta los hospitales. Mientras, la presión de Donald Trump sobre el suministro de petróleo y las conversaciones discretas con sectores del poder cubano alimentan una pregunta que parecía imposible hace solo unos años: ¿puede caer el castrismo? Pero para entender qué está ocurriendo realmente en la isla primero hay que entender cómo funciona el sistema cubano. Porque el poder en Cuba no depende solo de Miguel Díaz-Canel. Detrás siguen estando el Partido Comunista, las Fuerzas Armadas y GAESA, el gigantesco conglomerado económico controlado por los militares. “Raúl Castro, con sus 94 años, sigue siendo una figura clave que tendría que aprobar cualquier decisión de cierta magnitud”, explica el historiador cubanoamericano de la Universidad de Miami, Michael Bustamante. El régimen llega debilitado, pero no desarmado. “Cuba no es un Estado fallido… el Estado sigue manteniendo un monopolio sobre el uso de la fuerza”, advierte Bustamante. Y ahí está una de las claves de esta historia: si el sistema cubano está realmente ante su final… o si todavía puede reinventarse una vez más para sobrevivir. Cuba atraviesa una crisis que amenaza los pilares que sostuvieron al régimen durante más de seis décadas. La economía se hunde, los apagones paralizan el país y la escasez de combustible golpea desde el transporte hasta los hospitales. Mientras, la presión de Donald Trump sobre el suministro de petróleo y las conversaciones discretas con sectores del poder cubano alimentan una pregunta que parecía imposible hace solo unos años: ¿puede caer el castrismo?