Luis BenvenutyBarcelona 27/05/2026 20:05 Actualizado a 27/05/2026 20:16 Al poco de que quedaran atrás las restricciones de la pandemia, los responsables de la histórica sombrerería Mil de Barcelona contaban en estas páginas que estaban muy preocupados porque el contrato de alquiler de su local en la calle Fontanella se acercaba ya a su fin y encima pintaban oscuros bastos por todas partes. La cuarta y la quinta generación de estos sombrereros no tenían claro que su negocio pudiera subsistir. A un lado y otro abrían a todo trapo supermercados 24 horas. La familia temía pasar a engrosar la honrosa lista de comercios emblemáticos desaparecidos por culpa de la vorágine de estos tiempos.Porque entonces muchos negocios de siempre del barrio Gòtic sucumbieron ante la presión inmobiliaria y no tuvieron más remedio que cerrar sus puertas y pasar el relevo a una ristra de tiendas de souvenirs, de cuidado de uñas y de artículos relacionados con la marihuana dispuestas a asumir las rentas que les exigían. ¿Se acuerdan de la farmacia La Estrella de la calle Ferran? Cerca de 10.000 euros al mes pedían por un local de 80 y pocos metros cuadrados. ¿Y de la que fue la última librería de viejo del barrio, de la Stock? Sí, lo de la calle Comtal fue una escabechina. De repente descomunales falos con una muchacha abrazada te asaltan en cada esquina.La presión inmobiliaria es una de las principales amenazas de los comercios históricos del centro de BarcelonaPero no todo está escrito. La sombrerería Mil celebró ayer su 170.º cumpleaños, y a su local de la calle Fontanella se acercaron algunos clientes, muchos amigos... ¡y el casero!, sí, el propietario del establecimiento también levantó una copa de cava. ¿Quién demonios invita a su casero a su cumpleaños? En serio, ¿quin se acuerda de quien le cobra la renta todos los meses en esta efeméride? Es que poco después de explicar a este diario sus cuitas Núria Arnau arrancó conversaciones con la empresa Occident, propietaria de esta finca, a fin de renovar su alquiler. A ver qué se podía hacer aparte de cruzar los dedos.Esta tienda se encuentra en la calle FontanellaMiquel Muñoz / ShootingY según contaron ayer al alimón y contentos como unas castañuelas, en unas cuantas reuniones acordaron una nueva renta asumible, la reforma del local y del resto del edificio, las correspondientes compensaciones por tener que cerrar durante cuatro meses de obras... “Sí –reconocen Arnau y su hijo Jordi Creus–, si hubieran pensado sobre todo en sacarle el máximo provecho a su local probablemente ya no estaríamos aquí”. “A ver –terció Edgar Buch, director de inversiones inmobiliarias de Occident, con su copa de cava–, nosotros también somos una empresa histórica. No nos movemos únicamente por criterios de máxima rentabilidad. En la vida hay más cosas”. De este modo Arnau y Creus pueden seguir fijándose en los gustos de los artistas que marcan tendencia, continuar montando talleres de confección, no dejar de fabricar sus propios modelos...Lee tambiénSí, esta historia merece un generoso espacio. Lamentablemente, que alguien no se entregue a la máxima rentabilidad es una noticia destacable. Pero no es necesario ser un entregado samaritano para proceder así. Años atrás el local de la histórica farmacia La Estrella acogió una tienda de artículos relacionados con la marihuana. Hace poco una bisutería muy económica tomo el relevo. Pero no todo está escrito. No hace mucho la salvación in extremis de la librería Sant Jordi mostró que las tiranías del mercado no son indefectibles. Y recientemente La Vanguardia dio cuenta del acuerdo de la responsable y también propietaria de la tienda de bolsos Calpa y de sus empleados para que el negocio perdure y no se vea sustituido por un comercio de souvenirs. Quizás algún día estas historias dejen de ser noticia.Nacido en Salamanca en 1974. Licenciado en Sociología por la Universidad de Granada. Máster en Periodismo Les Hueras de la Universitat de Barcelona. Premio Josep Maria Huertas Clavería en 2008 por su obra Mudanzas . Desde el año 2000 escribe reportajes en La Vanguardia , en su mayor parte sobre el ámbito local.
Una sombrerería de 170 años resiste la presión de los souvenirs gracias a un acuerdo con su casero
Un nuevo contrato de alquiler allana el futuro de la tienda de sombreros y gorras Mil del centro de Barcelona









