Los nuevos propietarios del edificio donde se ubica el establecimiento, frente al Museo Picasso, exigían un alquiler que cuadruplicaba el actual para renovar el contrato
Buscaron algunas fotos, compraron muebles de segunda mano e hicieron la obra con la ayuda de amigos. Eran veinteañeros y apenas tenían dinero ni experiencia, pero sí muchas ganas e ilusión. Fernando Marín, Marta Ferrer y Alejandro Camacho habían disfrutado durante varios años el espíritu de las teterías de Granada de los años noventa y querían trasladarlo a su ciudad,
ack-dtm="">Málaga. Eligieron la calle San Agustín, en un centro histórico entonces repleto de solares, edificios abandonados y sin noticias del turismo. El negocio funcionó desde el primer día y después consiguió superar todas las crisis económicas y la pandemia del covid-19. Ahora que todo va mejor que nunca en la ciudad andaluza, bajarán la persiana de manera definitiva: se ha vendido el edificio donde se encuentra su local, su contrato de alquiler se acaba y para renovarlo les han pedido hasta cuatro veces más que el alquiler actual.
“Es el mercado. No hay nada que hacer contra eso. Tenemos mucha pena, pero ya lo hemos asumido”, dice Camacho de 57 años, el único de los socios originales del establecimiento. Seis azulejos muestran en la fachada el nombre del negocio: La Tetería, sin más apellidos. En la puerta hay media docena de mesas, ocupadas prácticamente a todas horas. Dentro, otras 15 más. También 17 tipos de tarta, 13 de crepes, 150 de variedades de té e infusiones y varias cervezas artesanales en una carta variopinta que además incluye pastas de espelta, dulces marroquís, bocadillos y un clásico local, el pitufo mixto.






