El consumo desmedido de proteínas, un pilar fundamental en la cultura fitness y las dietas actuales, podría estar generando un efecto opuesto al deseado. Según Melanie Murphy Richter, experta en longevidad y nutrición holística, esta tendencia no estaría ralentizando el envejecimiento, sino acelerando el deterioro biológico a nivel celular. La advertencia cobra fuerza al considerar que, en países como Estados Unidos, los hombres de entre 19 y 59 años superan habitualmente los valores de referencia establecidos por las guías alimentarias vigentes.El punto central del conflicto radica en la activación crónica de una ruta metabólica específica. Junto al doctor Joseph Antoun, director de la firma L-Nutra, Murphy Richter explicó que la ingesta elevada de proteínas animales estimula de forma constante la producción del factor de crecimiento similar a la insulina tipo 1, conocido como IGF-1. Este mecanismo resulta vital durante la infancia y la adolescencia para el desarrollo de tejidos, pero se vuelve perjudicial al permanecer activo una vez alcanzada la edad adulta, particularmente en la franja que abarca desde los 18 hasta los 65 años.En la actualidad se generó una obsesión con el consumo de proteínas y según estudios, esto puede perjudicar la salud a largo plazo(Fuente: Pexels)“La cultura del bienestar convirtió a la proteína en una obsesión”, señaló Murphy Richter al medio especializado Parade. Por su parte, el doctor Antoun graficó esta problemática como un “interruptor biológico” que, al no apagarse tras finalizar la etapa de desarrollo, impide que las células realicen su proceso natural de limpieza y reparación, denominado autofagia. Cuando este sistema se bloquea, el organismo queda expuesto a un envejecimiento prematuro y a una mayor vulnerabilidad frente a diversas patologías crónicas.La estrategia nutricional, según los especialistas, debe ser personalizada y ajustada a la etapa vital de cada individuo. Antoun recomienda para menores de 65 años una ingesta de entre 0,7 y 0,8 gramos de proteína vegetal por kilo de peso al día, subrayando la importancia de evitar los excesos sin caer en el déficit, ya que niveles insuficientes también pueden mermar la masa muscular. En cambio, para adultos mayores de 65 años, la sugerencia cambia: se aconseja incrementar el consumo e incluir fuentes animales como pescado, huevos o lácteos de cabra y oveja para prevenir la pérdida de masa magra.Los especialistas advirtieron que existen señales que el cuerpo envía ante una sobrecarga proteica. Síntomas como la indigestión, el mal aliento, la irritabilidad, el cansancio persistente y alteraciones digestivas suelen ser indicadores de que el sistema metabólico está exigido. El consumo obsesivo de proteínas de origen animal entre los 19 y 65 años puede perjudicar la salud a largo plazo(Fuente: Pexels)Asimismo, una hidratación deficiente y náuseas pueden alertar sobre este desajuste. A largo plazo, el mantenimiento de este exceso obliga a los riñones a realizar un esfuerzo adicional para eliminar desechos nitrogenados, elevando el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, enfermedades coronarias y alteraciones renales. La clave, según concluyó Richter, no radica en eliminar este nutriente, sino en alcanzar el equilibrio justo para preservar la salud celular a largo plazo.Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA
Melanie Murphy Richter, experta en longevidad: “El elevado consumo de proteína de origen animal puede ser contraproducente entre los 18 y 65 años”
La especialista advierte que el exceso por este nutriente acelera el envejecimiento biológico en la adultez; los riesgos de mantener encendido el interruptor celular














