Los diputados acababan de acomodarse en sus escaños, mientras la presidenta del Congreso, Francina Armengol, avisaba de que en algún momento se suspendería la sesión de control al Gobierno de este miércoles por un simulacro de emergencia que evacuaría todo el edificio. Una anónima voz femenina emergió de entre el hemiciclo:—¡Madre mía, menudo día nos espera!Porque en ese momento había ya una emergencia. Pero era otra. Y no precisamente simulada. La voz se había corrido al tiempo que los diputados entraban al salón de sesiones: la UCO estaba en la sede del PSOE en Ferraz. El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, se paró en el pasillo y disparó ante los periodistas: “Estamos en una situación agónica”. Feijóo prefiguró lo que iba a ser el discurso central de los populares, con los grupos que sostienen al Gobierno en la diana: “Urge que los socios digan: ‘Se acabó, convoque usted elecciones”.El líder popular no intervino en la sesión porque no estaba Pedro Sánchez. El presidente, a la misma hora en que otra actuación judicial acercaba un poco más al abismo a su partido, buscaba en el Vaticano la bendición de un Papa al que el Gobierno de izquierdas se ha encomendado como su gran esperanza. Así de extraños son estos tiempos. El duelo principal de la sesión se dirimió entre la portavoz del PP, Ester Muñoz, y el vicepresidente primero, Carlos Cuerpo. Muñoz entró con la artillería a discreción. Sin esperar más, glosó la visita de la UCO a la sede socialista como otra sentencia contra el Ejecutivo y se volvió hacia los que lo sostienen: —¿No se les cae la cara de vergüenza? ¿Serán capaces de tragar con toda esta corrupción?La portavoz popular completó un relato de novela negra, con un Gobierno en el que, según ella, el rescate de la aerolínea Plus Ultra desató “una lucha entre bandas criminales” cuyos jefes serían dos joseluises: Zapatero y Ábalos. Desde el ascenso de Cuerpo al segundo escalafón del Ejecutivo, en el Congreso se ha entablado una especie de juego del gato y el ratón. El PP trata de llevarlo al terreno político, mientras el también ministro de Economía se aferra con uñas y dientes a su perfil técnico. Este miércoles, Cuerpo lo tenía más difícil, pero se afanó. Sus interlocutores —afrontó tres preguntas del PP, dos de Vox, una de Junts y otra de Podemos— le hablaban de corrupción y él respondía glosando sus políticas y su balance económico. Lo que deparó una novedad: nadie del Gobierno intentó sacudirse la presión mentando el histórico de escándalos del PP.Llegó un momento en que Cuerpo tuvo que confesar que aquello era “un diálogo absurdo”. Ante la tercera acometida de los populares, con Jaime de Olano como ariete, el vicepresidente trató de atenerse al literal de la pregunta escrita, que inquiría si el Gobierno “está respondiendo a las demandas de los ciudadanos”. Pero Olano solo hablaba de “organizaciones criminales, prostitutas y drogas”. Así que Cuerpo renunció a la mitad de su tiempo:—Doy la pregunta por contestada.Aún no se conocían datos sobre el motivo de la presencia de la Guardia Civil en Ferraz y el PP ya soltaba cohetes viendo ahí la confirmación de que el PSOE se ha financiado ilegalmente, la línea roja trazada por varios de los socios de Sánchez. Olano se dirigió portavoz de ERC, Gabriel Rufián, para recordárselo. Luego Elías Bendodo lo haría extensivo a toda la panoplia de grupos que invistieron a Sánchez. Cuando se supo que la incursión de la UCO tenía otro motivo, el caso Leire Díez, el jolgorio de la sesión de control ya había pasado. Los socios se encogieron de hombros, entre ciertos signos de inquietud. Si bien Junts obvió la corrupción, su diputado Josep Maria Cruset trazó un cuadro “apocalíptico”, en definición de Cuerpo, para denunciar que la Agencia Tributaria se ha transmutado en un “monstruo que persigue implacablemente” a los ciudadanos. Podemos, que cuando surgieron las primeras noticias de la imputación a Zapatero habló de lawfare, ha dado la vuelta a su discurso. De tal modo que Ione Belarra emplazó a Cuerpo a meditar sobre “cómo se debe de sentir de triste y decepcionada una persona progresista al ver que hasta Zapatero ha podido meter la mano en la caja”. Miguel Tellado no podía dejar pasar el anunciado simulacro de emergencia por incendio para dar rienda suelta a su inagotable vena metafórica. “Si oyen una sirena, no es que venga la Guardia Civil”, se choteó el secretario general del PP. El alborozo en la bancada popular dio alas a su creatividad humorística. El Gobierno “es una barbacoa, porque está lleno de chorizos”. Y Zapatero, “Jack Sparrow, el pirata del Caribe”. Entusiasmados con tamañas analogías, sus compañeros regalaron a Tellado la gran ovación de mañana.El número dos del PP quería emplazar a la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, con una pregunta escueta y categórica: “¿Cuál es su límite?”. Se encontró con la versión más enérgica de Díaz. La vicepresidenta llamó a Tellado “el Vito Quiles del PP” y respondió que sus límites son las “políticas” de la derecha, que tachó de “desalmadas”. A continuación, marcó distancia con Zapatero. Dijo que no le “gusta nada” lo que está viendo y dejó caer que será la justicia quien debe determinar si el expresidente “ha delinquido o no”. El griterío se desató en la bancada del PP, con Tellado a la cabeza entre chillidos y aspavientos. “¡Tenga un poco de educación!”, lo reprendió Díaz, cada vez más enfadada. Y culminó: —Hay gente que no llega a final de mes, hay gente que no puede dar de comer a sus hijos y hay expresidentes del Gobierno, se llamen como se llamen, que se enriquecen y hacen negocios. Unos y otros.
El PP apremia a los socios de Sánchez: “¿No se les cae la cara de vergüenza?”
Los aliados del PSOE marcan distancias con Zapatero. Yolanda Díaz lamenta: “Los expresidentes del Gobierno se enriquecen y hacen negocios”













