El verdadero pulso político de la jornada no se ha tomado este miércoles en el hemiciclo, sino a pocos metros, en la plaza de las Cortes. Un simulacro de incendio ha obligado a evacuar el Congreso y ha empujado a diputados, ministros y asesores a una concentración improvisada en la que, lejos de los cara a cara de la sesión de control, se han multiplicado las interpretaciones y consecuencias sobre la entrada de la UCO en Ferraz. El ruido del debate ha quedado pausado durante unos minutos dando paso a innumerables conversaciones cruzadas que, entre pausas para el cigarro y búsquedas en el móvil, han permitido a unos y otros recolocar sus piezas en un tablero político que no deja de sufrir sacudidas. El PSOE ha activado una estrategia de resistencia y calma, los socios han empezado a verbalizar sus límites y el PP ha optado por una espera paciente convencido de que el desgaste socialista irá haciendo el trabajo por sí solo.Los socialistas han transitado la mañana entre la incredulidad pública y la contención. La dirección ha intentado trasladar una imagen de normalidad institucional frente al impacto simbólico de la presencia de la UCO en Ferraz. “Tranquilidad”, ha repetido la portavoz del PSOE, Montse Mínguez, convertida en una de las voces encargadas de fijar posición. “Aquí no existe destrucción de pruebas”, ha asegurado, insistiendo en que el partido colaborará con la Justicia y en que “el Partido Socialista es distinto” del PP. El mensaje, reiterado en entrevistas y conversaciones desde primera hora, ha buscado rebajar cualquier lectura de nerviosismo interno repitiendo la idea de que la legislatura “continúa”.Entre los socios de investidura, el tono ha sido distinto y algo más explícito. Yolanda Díaz ha verbalizado un malestar que venía gestándose desde hace semanas y que ha cristalizado en una frase que ha circulado con fuerza en el Congreso: “No me gusta nada lo que estoy viendo en la política española”. Aunque ha evitado una ruptura de apoyos, ha situado con claridad un umbral político que empieza a repetirse en conversaciones discretas entre grupos parlamentarios: la línea roja de la financiación ilegal. La misma que maneja ERC cuyo portavoz, Gabriel Rufián, ha avisado este miércoles de que si se demostrara que ha habido financiación ilegal del PSOE sería una “línea roja” para su formación y pedirían elecciones generales para que la “gente decida”. La coalición no ha entrado en fase de ruptura, pero sí en una etapa de vigilancia más estricta, donde cada nuevo desarrollo judicial puede tener un coste político inmediato.Junts ha evitado entrar en la dinámica de una eventual alternativa de Gobierno. Miriam Nogueras ha interpelado directamente a Pedro Sánchez para saber si el Ejecutivo va a esperar “a que haya una posible moción encima de la mesa” antes de reaccionar ante los casos de corrupción. Sin embargo, ha negado que hayan dado movimientos reales en esa dirección. Al mismo tiempo, ha reprochado al PP que intente situar sobre sus hombros la responsabilidad del futuro político del país, en un contexto en el que considera que se están cruzando “muchas líneas rojas, empezando por un Gobierno que no pasa por el Parlamento para poder ejecutar las políticas que allí se deciden”.Esta crisis no la va a resolver el PSOE porque el problema es el PSOEIone BelarraSec. de org. de PodemosPodemos ha optado por situarse fuera de cualquier lógica de recomposición del bloque de la investidura. Su líder nacional, Ione Belarra, ha sostenido que “esta crisis no la va a resolver el PSOE porque el problema es el PSOE”, y ha defendido que la salida no vendrá de acuerdos institucionales, sino de “la gente haciendo política en primera persona”, en una apelación directa a la movilización social como la generada alrededor del 15-M.En esa línea, Belarra ha rechazado que la salida esté dentro del bipartidismo al advertir de que “la solución a la corrupción del PSOE no puede ser la corrupción del PP”, y ha cuestionado el modelo de delegación política en los socialistas, al considerar que ha derivado en un deterioro de las políticas públicas en ámbitos como la vivienda, la sanidad o la educación. Tranquilidad… la ansiedad no va con nuestros tiemposPartido PopularEn el PP, por el contrario, el diagnóstico ha sido el de un proceso de deterioro progresivo. La dirección de Alberto Núñez Feijóo ha optado por una estrategia de espera, sin precipitar movimientos, convencida de que el Gobierno se desgasta por acumulación de frentes. En ese marco, el portavoz nacional Miguel Tellado ha ejercido como principal ariete parlamentario, elevando el tono del debate con una mezcla de ironía y dureza que ha mantenido durante toda la mañana. Incluso cuando el pleno ya había perdido protagonismo por el simulacro.“Tranquilidad… la ansiedad no va con nuestros tiempos”, resumía uno de los dirigentes populares en una idea que se repetía como consigna interna. En esa línea, en el PP se da por hecho que una eventual moción de censura “no sirve” en este momento y que el escenario está todavía en una fase inicial, “el debut de Pedraz”, en referencia a la judicialización del caso. “Esto acaba de empezar”, insistían, convencidos de que “les quedan años de juzgados”, entre menciones recurrentes a distintas derivadas judiciales —“el hermano, Begoña y la UCO”— que enmarcan un escenario de larga duración más que de impacto inmediato. Ausente en el Congreso, Santiago Abascal, ha fijado en su postura en un vídeo difundido por redes sociales. El líder de Vox, Santiago Abascal, entiende que, tras el registro de la UCO en Ferraz, al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero hay que “detenerlos y juzgarlos” y asegura que quienes les defienden es “únicamente porque forman parte de la misma mafia”.Redactor de la sección de política tras una década cubriendo la actualidad de Madrid entre 2011 y 2022. Antes en Microsoft News y el diario Metro
El PSOE encapsula la entrada de la UCO en Ferraz mientras los socios fijan sus líneas rojas
El PP adopta una estrategia de espera, convencido de que el Gobierno se debilita por su propio desgaste










