El mandato de Pedro Sánchez atraviesa posiblemente por el momento más crítico. Los golpes judiciales no sólo no cesan, sino que son cada vez más lacerantes. Más insostenibles. La situación es límite, pero la orquesta sigue tocando. Porque mientras la UCO registraba Ferraz, el presidente del Gobierno dejó claro desde El Vaticano que no convocará elecciones. Ignoró de este modo la creciente presión política para poner fin a la legislatura de forma prematura, a la que se han unido en los últimos días tanto el PNV como Junts. Aitor Esteban quiere elecciones en 2026. Y en el partido de Carles Puigdemont creen también que depende de Sánchez poner punto y final a la travesía "y no esperar a que otros decidan por él". Se refieren en la formación independentista al runrún respecto a la posibilidad de que Alberto Núñez Feijóo decida activar una moción de censura, un debate que ganó fuerza tras la histórica imputación de José Luis Rodríguez Zapatero por el caso Plus Ultra y que se ha asentado definitivamente en el PP tras el despliegue del ingente operativo que investiga la trama impulsada desde el PSOE para financiar a sus cloacas y desbaratar causas penales desfavorables. Ni el líder del PP ni su entorno más directo descartan ese escenario. Quiere esperar, "manejar los tiempos" y "no caer en la ansiedad". Pero también ha comenzado a moverse. No para tomar la iniciativa, pero sí para elevar la presión sobre los socios y tratar de hurgar aún más en los nervios del PSOE. En mitad de un clima político y judicial asfixiante, Alberto Núñez Feijóo viajará a Cataluña la próxima semana para asistir a la 41.ª reunión del Cercle d'Economia, donde coincidirá con la cúpula del empresariado catalán. No es una cita que el jefe de la oposición suela perderse, pero cobra especial relevancia en un momento en que cada palabra y cada gesto político se mide al milímetro. En su equipo no ocultan la relevancia de la visita por el contexto en que se produce, aunque apuntan a que Feijóo centrará su intervención en desplegar su "agenda política" y hablar de "la Cataluña y la España que viene" cuando finalice el mandato de Sánchez. Sea cual sea el momento en que eso se produzca. Feijóo acudirá a Barcelona el próximo martes 2 de junio. No coincidirá con Sánchez, que estará presente en la clausura al día siguiente. El nuevo acercamiento al lobby catalán tiene muchas lecturas y una de ellas pasa por tratar de apretar a Junts, sobre todo en un momento en que las encuestas pronostican una sangría por el auge de la extrema derecha independentista de Aliança Catalana. Hay que recordar en este punto que a finales del año pasado, durante una conferencia en la sede de la patronal catalana Foment del Treball, Feijóo apeló de forma velada a la influencia de los representantes empresariales presentes en el auditorio para que la formación de Carles Puigdemont facilitase el desalojo de Sánchez. "Estoy convencido de que en esta sala hay muchas personas que han votado a Junts (...) A ustedes les quiero hablar de forma muy clara. No me faltan ganas, me faltan votos para presentar una moción de censura que tenga un único compromiso: convocar elecciones generales en España y que los ciudadanos puedan decidir", lanzó. El debate sobre activar esta herramienta constitucional ha planeado sobre el Partido Popular desde hace años, pero gana ahora más peso que nunca. Cuando Feijóo pronunció las citadas palabras en Barcelona el pasado mes de noviembre, el Gobierno de Pedro Sánchez acumulaba múltiples derrotas parlamentarias y se dolía de una amplia agenda judicial. El Supremo acababa de enviar a prisión a José Luis Ábalos y Koldo García. El exsecretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán, también había pisado ya Soto del Real, acusado de pertenencia a organización criminal, cohecho y tráfico de influencias. En Génova siempre han mantenido que el horizonte judicial se pondría mucho más difícil para Pedro Sánchez, en parte para justificar su negativa a precipitarse con la moción de censura. La atropellada sucesión de autos y sumarios judiciales de los últimos días ha desbordado incluso las previsiones del primer partido de la oposición, donde se abre paso de forma inexorable un ambiente de fin de ciclo y una sensación de que el jefe del Ejecutivo "ha perdido todo contacto con la realidad". Pero la dirección del PP sigue midiendo mucho sus pasos. Creen que en las próximas semanas la agonía y la presión se recrudecerá todavía más. El auto del juez Santiago Pedraz, que contiene los indicios que le llevó a ordenar los registros en el cuartel general del PSOE este miércoles y que se alargaron durante 12 horas, señala en varios párrafos sus sospechas de que Sánchez estaba al tanto de las maniobras y pagos de la trama liderada por la fontanera Leire Díez, y que ha acabado con la imputación, entre otros, de la actual gerente del PSOE, Ana María Fuentes. Este ha sido el último gran golpe a la moral socialista, pero no el único. Begoña Gómez comparecerá ante el juez Peinado el 9 de junio; José Luis Rodríguez Zapatero tendrá que declarar como imputado por hasta cuatro delitos ante la Audiencia Nacional los próximos 17 y 18 de junio; y el juicio al hermano del presidente del Gobierno, David Sánchez, arranca este mismo jueves. Por si fuera poco, el PSOE está pendiente de la primera sentencia judicial que afectará previsiblemente al exministro José Luis Ábalos y su mano derecha, Koldo García. Feijóo guarda bajo siete llaves cuál será su respuesta política para ese primer gran punto de inflexión. Pero el debate en torno a la moción de censura se ha instalado en todas las conversaciones, dentro y fuera del núcleo de poder del gallego. Hay opiniones diversas. Existen sectores que siguen viendo contraproducente esa herramienta por la desconfianza en los socios del Ejecutivo —PNV y Junts se niegan, por ahora, a salir en la foto con Feijóo—; por el riesgo a dar un balón de oxígeno a Sánchez en su peor momento en caso de perderla; y por temor a un desgaste a menos de un año de un posible 'superdomingo' electoral. En la otra parte existen voces que creen que al líder del PP "no le va a quedar otra". Al menos intentarlo. Estas fuentes opinan que Feijóo hace bien en esperar para "no desviar el foco del PSOE", pero apuntan a que tanto PNV como Junts podrían moverse llegado el momento por temor al resultado de las próximas municipales, sobre todo si Sánchez se parapeta y hace coincidir las generales. Ese escenario se ve aún complicado porque ambas formaciones tienen motivos de peso para no soltar amarras. Los independentistas catalanes aguardan la sentencia sobre la amnistía de Puigdemont, y los jeltzales comparten con el PSOE el Gobierno vasco. Desde Génova indican que no ha habido contactos con ninguna de las dos formaciones para explorar la cuestión concreta de la moción de censura. La estrategia pasa por encajonar a los socios como "cómplices" de "la corrupción" y jugar al despiste para acrecentar la ansiedad en el Gobierno. "Las estrategias no se cuentan, se ejecutan", apuntó por ejemplo Miguel Tellado en La Sexta cuando fue preguntado si había abierto contactos con Junts. Por ahora, no hay más prioridad en la dirección que "dejar que el Gobierno se cueza" entre autos, citaciones, y sumarios judiciales. Feijóo quiere huir de la precipitación, pero mantiene abiertas todas las opciones. El mandato de Pedro Sánchez atraviesa posiblemente por el momento más crítico. Los golpes judiciales no sólo no cesan, sino que son cada vez más lacerantes. Más insostenibles. La situación es límite, pero la orquesta sigue tocando. Porque mientras la UCO registraba Ferraz, el presidente del Gobierno dejó claro desde El Vaticano que no convocará elecciones. Ignoró de este modo la creciente presión política para poner fin a la legislatura de forma prematura, a la que se han unido en los últimos días tanto el PNV como Junts.
Feijóo se verá con el empresariado catalán en pleno debate interno sobre la moción de censura
Génova guarda bajo siete llaves la respuesta política al inédito calvario judicial del Gobierno y recrudece la presión sobre PNV y Junts sin descolgar el teléfono. La vía de la moción coge vuelo en el PP pese a la complejidad de la operación














