Pasan las guerras y los pánicos energéticos, pasan bloqueos comerciales y subidas de aranceles. Los peores escenarios geopolíticos pasan. Y sin embargo, las principales Bolsas europeas, estadounidenses y asiáticas continúan inmutables, acechando sus máximos históricos de la mano de la buena temporada de resultados empresariales, la creencia generalizada de una guerra breve en Irán y la esperanza en el impacto positivo de la inteligencia artificial sobre la productividad. Pero no es oro todo lo que reluce. Al menos para el Banco Central Europeo, que suele ejercer el papel de Pepito Grillo cuando percibe un exceso de optimismo. En su informe sobre estabilidad financiera, publicado este miércoles, la entidad lanza varias advertencias contra esa euforia bursátil sin fin que alimenta las ganancias de los inversores. “Los mercados financieros siguen siendo vulnerables a correcciones bruscas debido a las elevadas valoraciones y la alta concentración de riesgos”, resume Fráncfort. Bajando más al detalle, el Eurobanco avisa de que la proporción entre precios de las acciones y beneficios de las empresas se encuentra en niveles “históricamente elevados”. Eso deja entrever que las subidas se nutren más de expectativas de lo que está por venir —que luego pueden cumplirse o no—, que de fundamentales sólidos en la actualidad. Fráncfort percibe unas valoraciones particularmente altas en las firmas del sector tecnológico y la inteligencia artificial, precisamente las más dependientes de que los crecimientos futuros justifiquen los precios presentes.Aun cuando de momento los altos márgenes y las espectaculares cifras de negocio alejan las comparaciones con lo sucedido en la burbuja puntocom hace más de dos décadas, el BCE no es ajeno a que de las diez mayores compañías por capitalización bursátil del mundo, ocho son tecnológicas puras —las otras dos son Tesla, también muy expuesta a la IA, y la petrolera Saudi Aramco—. Todas por encima del billón de euros de valor en Bolsa. Y considera que el hecho de que un número cada vez más reducido de actores sean los que marquen la dirección de los mercados aumenta la fragilidad. “La concentración del mercado y la interconexión entre un puñado de grandes empresas tecnológicas estadounidenses han aumentado aún más. Esto hace que los mercados mundiales de renta variable —y cada vez más también los de bonos y los privados— sean sensibles a las perturbaciones que provienen de empresas individuales, a pesar de que la mayoría de estas compañías continuaron cumpliendo o superando las expectativas de ganancias", relata.Entre las amenazas al actual bum de la inteligencia artificial, Fráncfort menciona el aumento sostenido de los precios de la energía, dado que la infraestructura y los centros de datos consumen mucha energía, “y son sensibles a las fluctuaciones persistentes de los costes energéticos”. Por ahora, sin embargo, los grandes actores del sector no han mostrado grandes signos de debilidad en sus cotizaciones por este motivo.Es cierto que al principio de la guerra en Irán las Bolsas sufrieron importantes descensos, pero como apunta el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, luego se produjo una recuperación que ha devuelto los precios de los activos financieros a niveles elevados históricamente, ignorando la actual tensión geoeconómica y la incertidumbre. “Esto deja a los mercados vulnerables a fuertes cambios de precios, y las instituciones financieras no bancarias podrían amplificar las fluctuaciones de los mercados financieros si estas se produjeran”. Es decir, las posibilidades de una crisis financiera han aumentado. Y las culpas de ese mayor caos económico apuntan directamente a Washington. “La incertidumbre en torno al compromiso de la Administración estadounidense con la cooperación multilateral también está aumentando el riesgo de que las conmociones políticas perturben el orden internacional e impulsen la fragmentación geoeconómica y regulatoria en todo el mundo”, afirma el BCE.Bancos más sólidosGuindos recordó que los bancos de la zona euro han mejorado sus reservas de capital y liquidez en la última década, y su rentabilidad también ha crecido más recientemente —de hecho, los bancos han sido los grandes animadores del Ibex 35 en tiempos recientes—, pero esa mayor solidez no los vuelve inmunes al contexto geopolítico actual. “Si bien los bancos de la zona del euro tienen una exposición directa limitada a Oriente Medio [de solo el 0,6% de sus activos], los posibles efectos indirectos de la guerra podrían ser significativos y afectar a su exposición a sectores con alto consumo energético y relacionados con el comercio”, resalta.A pie de calle, la subida del coste de la vida “podría debilitar a los hogares”, y con ello, aumentar la morosidad en el crédito al consumo y las hipotecas, aunque de momento los niveles de impagos en la zona euro son reducidos frente a lo ocurrido en crisis pasadas. “Si bien existen focos de deterioro en la calidad crediticia en algunos sectores y países de la unión bancaria, hasta el momento no hay indicios de que se estén materializando pérdidas generalizadas ni de que existan restricciones en la oferta de crédito debido a la situación de capital de los bancos”, reconoce el BCE.La contienda en Oriente Próximo también amenaza la sostenibilidad de las cuentas públicas. No solo porque acentúa la tendencia ya anterior a un mayor gasto militar, sino porque los Gobiernos han puesto en marcha subsidios a familias y compañías para contener el golpe. “Las actuaciones para proteger a los hogares y empresas vulnerables de las consecuencias de la guerra, sumadas a las mayores necesidades de gasto en defensa, podrían ejercer aún más presión sobre las finanzas públicas en algunos países de la zona euro con un alto nivel de endeudamiento”, argumenta el BCE.