Pese a los buenos resultados y la euforia tecnológica, unas valoraciones exigentes, las grietas del crédito y el riesgo inflacionista pueden desatar la corrección

A comienzos de abril, cuando el presidente de EE UU anunció la mayor ofensiva arancelaria desde la Gran Depresión y los inversores huyeron de todo lo que oliera a riesgo, pocos imaginaban que los mercados regresarían tan rápido a marcar máximos históricos. A los habituales récords de Wall Street se han sumado en las últimas semanas los máximos de la Bolsa española, la japonesa, la británica, el índice de Corea del Sur e incluso el taiwanés.

Bernard Ahkong, jefe de estrategia global de UBS, ya lo advertía en agosto: “Hoy por hoy es muy caro ser bajista”. Si hace tres meses un inversor hubiera vendido toda su exposición a renta variable, se habría perdido una subida del 12,6% del Ibex y de casi el 10% en el S&P 500 y el MSCI World.

“El relato dominante sigue siendo el de un aterrizaje suave, con los bancos centrales reduciendo la inflación sin dañar el crecimiento. Pero el equilibrio es delicado”, apunta Antonio Castelo, analista de iBroker. Tras un semestre de euforia, la duda vuelve a ser la de siempre: ¿inicio de una nueva expansión o preludio de una corrección?