La reflexión sobre la catalanidad que propuso Jaume Vicens Vives se concretó en la publicación de Notícia de Catalunya en 1954, dejando hasta nuestros días una dicotomía que moldea el carácter catalán, considerado un talante que bascula entre la cordura y el arrebato, es decir, entre el seny i la rauxa. Retomando esta idea que se ha diseccionado en varios ámbitos de la cultura, el Disseny Hub Barcelona (DHub) encuentra una dialéctica continua entre el juicio y la pasión también en la arquitectura catalana de los últimos 150 años. La exposición Seny i rauxa. Noticia de la arquitectura catalana, que se podrá visitar hasta el 6 de septiembre, está comisariada por los arquitectos Carme Ribas, Victòria Garriga y Joan Roig, y se suma a la celebración de Barcelona como Capital Mundial de la Arquitectura. En un momento en que la globalización también repercute en la construcción, dejando edificios clónicos en ciudades muy diversas, es un buen momento para preguntarse si existen rasgos comunes entre la iglesia de Santa Maria del Mar de Berenguer de Montagut o la fachada del Palau de la Generalitat de Pere Blai y proyectos más recientes de Domènech i Montaner, MBM Arquitectes o H Arquitectes. Para esta exploración, los comisarios también recurren a Les formes de la vida catalana (1944), de Josep Ferrater Mora, y más concretamente a las ideas que Alexandre Cirici dejó en L’arquitectura catalana (1955).Alejándose del método cronológico o el estilístico, la inmersión en la temática se hace por escala, de menor a mayor, y agrupando mobiliario, planos, maquetas, fotografías, piezas singulares y algunas obras de arte. El recorrido, que deja libertad al espectador para ir hallando las resonancias arquitectónicas de los proyectos, empieza por el descubrimiento de la habitación, siguiendo por la casa y avanzando hacia las casas de vecinos, los edificios o la calle hasta llegar a la ciudad antigua, la ciudad nueva y el territorio. En un escenario de un rojo intenso, que puede verse como “infernal o teatral”, según bromeaba en la presentación Joan Roig, pero que resulta elegante para destacar piezas que no son especialmente estéticas, como los mismos planos, el recorrido expositivo empieza con una fotografía de la cama de Gaudí en su estudio (1926). Sobre el más famoso arquitecto catalán, de quien se celebra este año el centenario de su muerte, destaca Angela Molina en el catálogo que sus edificios “condensan la racionalidad de una planificación estructural rigurosa -el cálculo de fuerzas, la geometría de los arcos catenarios- y son a la vez exuberancia formal, fantasía. Esta imagen se contrapone con el salón de la Casa Correa de Cadaqués (1963), de los arquitectos Federico Correa y Alfonso Milà. En este diálogo, cabe preguntarse cuál de los espacios podría asociarse más al seny o a la rauxa, revelando lo complejo que resulta enmarcarlos sin más, como manifiesta Joan Roig. Lo mismo pasa con el plano de la Casa Ugalde en Caldes d’Estrach (1951), de Josep Antoni Coderch, que se pone en relación con el de la Casa 219 de HArquitectes, para que el visitante pueda compararlas sin que las cartelas escuetamente informativas, que están en medio de la pared, distribuyendo los objetos en dos niveles, den ninguna respuesta. Esta disposición y poca narrativa también marcan una intencionalidad del conjunto, donde las obras se presentan por parejas o constelaciones. En la parte superior se incluyen las edificaciones más arrebatadas, mientras que la inferior correspondería a las más razonadas o razonables. Pero aquí las lecturas también pueden intercambiarse, apuntan los comisarios, que no quieren sentar ninguna cátedra, sino promover diferentes interpretaciones. Para entender el juego, resulta oportuno comprar el libro editado con motivo de la exposición, donde los textos funcionan como guías de la misma, que se remonta hasta el año 1875, cuando se fundó la Escuela de Arquitectura de Barcelona.La construcción más nueva que incluye la exposición es Prefab House Changeover (2024), una casa de madera cimentada en nueve pilares en plena montaña, a las afueras de Barcelona; mientras que los elementos más antiguos son los planos de la nueva ciudad de Barcelona. Están confrontados losdibujos del que ganó el concurso que propuso en 1859 el Ayuntamiento para ampliar la ciudad, obra de Antoni Rovira i Trias, y el que impuso el Gobierno español, obra de Ildefons Cerdà en1860. Como apunta Joan Roig, analizándolo desde diferentes puntos de vista, se puede llegar a diferentes conclusiones sobre cuál era más cuadriculado.Quizá por eso, Ángela Molina escribe que “tal vez no haya conceptos más persuasivos y turbadores de la cultura catalana que el seny y la rauxa, un binomio que opera magníficamente cuando entra en fricción, donde razón y arrebato, discreción e impulso, mesura y desborde se revelan tan intrincados y permeables como la propia historia del arte del último siglo en nuestro territorio”. Una explicación que le va como anillo al dedo a la Mesa Inestable de Enric Miralles y Benedetta Tagliabue, que forma parte del recorrido. Los comisarios querían que dialogara con el Tocador Güell de Gaudí, pero fue imposible conseguirlo para estas fechas. Sin embargo, la exposición cuenta con otros objetos del arquitecto modernista, como la silla Batlló (1904).Para completar planos y fotografías, también se exhiben algunas obras cedidas por el MNAC o el Macba, como pueden ser piezas históricas como Interior (1890), de Ramon Casas, o dos pinturas de salones de Pere Torné Esquius, de 1909-1913 y 1914, que muestran cómo era el hogar catalán; o ejemplos más modernos como el Tótem Dòric-azteca (2019), de Miquel Barceló, o una jarra cerámica para almacenar aceite de Ivan Forcadell.A pesar de que la mayoría de los proyectos seleccionados son obras terminadas, también hay algún recoveco para las utopías, como Ciudad en el Espacio de Ricardo Bofill (1968-1971), que no llegó a realizarse, o Hotel Atracción, un proyecto de Gaudí para Nueva York que se quedó en el tintero, y se puede ver en un dibujo de Joan Matamala de 1952 basándose en el original de 1902. Muchos otros, forman parte del paisaje de Barcelona, como la Casa Manuel Dolcet, de Joan Rubió; la Casa Planells, de Josep Maria Jujol; el Edificio Frégoli, de Esteve Bonell; La Balma i La Borda, de Lacol; la Escola Thau de MBM Arquitectes; el restaurante Ponsa, de Santiago Roqueta; la Illa Fort Pienc, de Josep Llinàs; o la Sala Becket, de Flores & Prats. Fuera del área metropolitana, se pueden encontrar referenciadas construcciones como la Casa Cantarell, de Josep Pratmarsó, en Begur; la Casa Horitzó, de RCR Arquitectes, en La Vall de Vianya; la Casa Puig-Palau, de Raimon Duran i Reynals, en Palamós; Equilibri Restaurant, de Bayona Studio, en Olot; el Palau de Vidre, de Josep Maria Cols, en Lleida; o la tienda La Confiança de Mataró, obra de Josep Puig i Cadafalch. En total, hay más de 500 piezas para repensar la arquitectura. Si “el seny define marcos y la rauxa los atraviesa", como apunta Angela Molina, la construcción en catalán también tiene su propio lenguaje.
El DHub destapa como el ‘seny’ y la ‘rauxa’ también han moldeado la arquitectura catalana
Una exposición con 500 objetos propone interpretar la cordura y el arrebato en los edificios de los últimos 150 años








