Las elecciones se habían convocado un 3 de marzo, pero los diputados no pudieron votar la investidura hasta el 3 de mayo. Fueron semanas de unas pacientes negociaciones con las que superar los titubeos hacia el ganador de una extraña victoria. Incluso se tanteó que a la investidura fuera otra figura más grata, como quedó dicho en el editorial del periódico más influyente del país. La coerción institucional, que no pasó a mayores, era señal de una fobia latente hacia Aznar, algo así como el “Maura no”.Por edad, le separaban veinte años de Suárez, y su primera campaña contra González en 1989 era ya la quinta del rival en elecciones generales. A los promotores de la democracia, parecidos a los fundadores de las sagas empresariales, más intuitivos y carismáticos, les llegaba la hora del relevo. A la altura de 1996, la derecha ha hecho su transición del conservadurismo reactivo a otro de iniciativa liberal, la organización de notables de Alianza Popular queda centralizada, y ha dado tiempo a socavar la hegemonía del centro-izquierda en la comunicación política. A todo ayudó no poco la formidable caída del muro de Berlín.Lo que ya tomó carta de naturaleza fueron las campañas en negativoAznar no llega solo, era el mejor situado en una promoción joven por la derecha, cuando la selección del cabeza se operaba por consenso de unos pares previo a las votaciones de los congresos, lo que favorecía equipos más plurales dentro de los partidos. Aún se desconocía el uso de las primarias como electrochoque y comedia de participación política.Aznar, en el centro, saluda tras las elecciones generales de 1996 EFE/Oscar MorenoREDACCIÓN / EFELo que ya tomó carta de naturaleza en 1996 fueron las campañas en negativo, los anuncios de fundidos a negro, tal que el famoso vídeo del “doberman”. Dispuestos hasta hoy ambos partidos a la mutua destrucción de la reputación del rival, la invectiva parlamentaria se vuelve inexcusable, las siglas políticas se personan en las acusaciones populares y se comprueba que la publicidad de “las penas de telediario” causan daño mayor que los banquillos judiciales.Al igual que el ajuste de 1982 doblegó al socialismo en su propósito de mantener los salarios reales, el extraño resultado electoral de 1996 impuso al partido menos autonomista el tener que acordar competencias y traspasos con las dos autonomías nacionalistas. Pero bastante antes del segundo mandato se vio que Aznar no iba a ser en el poder un conformista de esta segunda generación. Ese 3 de mayo se comprometía con la moneda común europea y en el plazo más corto, cerrándose las puertas a las devaluaciones y el déficit público elevado, características de la política española hasta 1996.