La investidura de Calvo Sotelo interrumpida por los golpistas se retomó dos días después en un ambiente grave y conmocionado

El pleno que no salió la tarde del 23 de febrero, aquel pleno que interrumpieron los golpistas con armas y tricornios, salió dos días después: el día 25, con un Parlamento blindado de policías y la certeza de hasta qué punto estaba en juego la democracia. El ambiente era grave. Conmocionado e intenso. La prensa internacional había puesto a España en sus portadas. Le Monde escribió desde París: “La reacción de la población, mezcla de miedo y de indiferencia aparente, no es un elemento posit...

ivo”. The New York Times dijo: “Podría haber sido la tragedia española, pero se convirtió en una ópera bufa”. Todos destacaron el papel del Rey.

Dice el Diario de Sesiones que la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo se retomó a las cuatro y cincuenta minutos de la tarde del 25 y que, al poco de empezar, el diputado Rojas Marcos, del Grupo Andalucista, habló de “la gallardía y el valor físico” del teniente general Gutiérrez Mellado, al que aplaudieron los parlamentarios. También aquellos que venían de vilipendiarle tras vilipendiar a Adolfo Suárez.

Dice el Diario de Sesiones que Santiago Carrillo advirtió de que las horas del golpe les habían acercado mucho a todos: “Creo que han establecido una corriente humana que se había desvanecido anteriormente en esta Cámara”, como si el principio fundamental fuera ese, antes de lo demás: una corriente humana que permitiera pensar que no todo estaba perdido. “Lo único que tiene de positivo el intento de golpe militar es haber ayudado a elevar la conciencia ciudadana de este país”, añadió Carrillo, que el 23 llegó a pensar que lo iban a matar allí mismo.