Lo que falta por saber del golpe fallido: las conversaciones del Congreso y La Zarzuela; quiénes pretendían entrar en el Gobierno de concentración y el papel del Cesid

La historia del 23-F es la de un fracaso con final feliz. El sistema falló a la hora de impedir o prevenir la intentona golpista, pero los golpistas no lograron sus objetivos y la democracia siguió su curso. La documentación conocida hasta la fecha, incluidos los casi 13.000 folios de la causa judicial a la que este periódico tuvo acceso en el 40 aniversario del golpe, en 2021, permiten escuchar desde dentro a los protagonistas y a la vez, ponen en evidencia todo lo que se pasó por alto, antes y después, lo que ha dado lugar a que, pese a la ingente cantidad de libros, estudios y documentales sobre esas horas en las que el país contuvo la respiración, permanezcan, 45 años después dudas razonables entre los hechos probados.

El tiempo transcurrido hasta que el Gobierno ha anunciado que “para saldar una deuda histórica con la ciudadanía” desclasificará los documentos del 23-F, una vieja reivindicación de los historiadores, ha contribuido a alimentar las suspicacias. “Las democracias deben conocer su pasado para construir un futuro más libre”, declaró Pedro Sánchez al comunicar la medida. El catedrático de historia contemporánea Julián Casanova advierte, sin embargo: “La historia no existe sin documentos, pero los documentos no son la verdad absoluta, hay que hacer una lectura crítica del contexto y de la fuente. El que los clasifica decide qué se guarda y qué se destruye. Que nadie espere que todos los documentos o conversaciones que se generaron el 23-F se vayan a desclasificar porque probablemente algunos ya no existan. El Cesid [precedente del CNI]se dedicaba entonces más a perseguir rojos que a buscar golpistas porque estaba compuesto por antiguos franquistas y eso tiene una repercusión. Quienes clasificaron o guardaron esos documentos no eran demócratas de toda la vida”.