La crisis climática es una realidad científica contrastada e indiscutible –excepto por quienes hablan de espaldas a la verdad–. Sus últimas consecuencias son, simple y llanamente, la destrucción del ecosistema. Así, salvar el planeta se convierte en la gesta heroica definitiva, a la cual está llamada toda la humanidad. El año 2019 fue testigo de una primavera de ecologismos que salieron a las calles para defender la vida, repensar nuestros modelos de sociedad y exigir políticas ambientales ambiciosas para garantizar la supervivencia y el bienestar en la Tierra. Inspiradas por la historia de los movimientos sociales, algunas protestas se basaron en la acción directa no violenta. En algunos de estos grupos participó el filósofo, poeta y profesor Jorge Riechmann. Y pese al carácter pacífico de las movilizaciones, el académico se enfrenta ahora a dos juicios penales por los que podría enfrentarse a condenas de cárcel.PublicidadRiechmann, que en la actualidad milita en Anticapitalistas y Ecologistas en Acción, está acusado junto a Marina Martínez –de Extinction Rebellion–, y Francisco del Pozo –de Greenpeace– de resistencia grave a la autoridad. Los hechos se remontan a 2019, cuando 2020 Rebelión por el Clima y Extinction Rebellion Spain convocaron una acción de desobediencia no violenta. Se trataba de una convocatoria internacional, que tuvo lugar en Londres, Dublín, Nueva York y Melbourne.Según los organizadores madrileños, alrededor de 300 personas participaron en esta movilización, en la que se sentaron o tumbaron en el puente de Nuevos Ministerios para bloquear el tráfico. La Unidad de Intervención de la Policía Nacional (UIP) desalojó la calle, identificó a 30 activistas y detuvo a otros tres. Según la versión de la Fiscalía, se negaron a abandonar la vía cuando la UIP intentó desalojar el puente. Así, hoy se enfrentan a una posible condena de tres meses a un año de prisión –la Fiscalía pide diez– o multas de seis a 18 meses.Tengo la conciencia muy tranquila y duermo sin problemas, igual que siempre"Tengo la conciencia muy tranquila y duermo sin problemas, igual que siempre", declara a Público Jorge Riechmann. "Recuerdo en más de una ocasión una cita de Batman, que mi amigo el poeta Antonio Orihuela ponía como epígrafe al frente de su libro La ciudad de las croquetas congeladas. Esa cita de Batman dice: 'Este no es un mundo normal'. Y esa es la cuestión. No es normal un mundo en el cual lo que tendría que entenderse como parte del proceso democrático –es decir, la protesta no violenta cuando parece que están en juego valores fundamentales–, al final acaba siendo reprimido de esta forma".PublicidadLa 'hipernormalidad' del anormal auge reaccionarioPara Riechmann no fue especialmente sorprendente la sucesión de los hechos. "Mi abuelo materno estuvo años en la prisión después de la de la Guerra Civil española y estuvo de hecho a punto de ser fusilado hasta que ya salió de prisión en los años cuarenta", recuerda. "Mi amigo y maestro Francisco Fernández Güell estuvo involucrado en la resistencia antifranquista, y también le costó cárcel". Aunque aquellas fueron "condiciones históricas mucho más difíciles", el académico señala que "en los últimos años la represión antiecologista en Europa se ha incrementado". Así, "se puede uno esperar que si se involucra en acciones de disidencia civil no violenta de este tipo, al final pueden pasar estas cosas. Digamos que tiene algo de normalidad en lo anormal".Cada vez que Vox tiene que negociar con el PP algún gobierno regional, las exigencias antiecologistas están en primer lugarEsta anormalidad en la que es esperable un incremento de la judicialización ecologista sucede bajo la sombra de la recesión y el auge reaccionario. "Entre las marcas de la casa de la ultraderecha –que está en ascenso en un montón de lugares– están el racismo o el antifeminismo, entre otras. Y también el antiecologismo de forma muy destacada", advierte. "Cada vez que Vox tiene que negociar con el PP algún gobierno regional, las exigencias antiecologistas están en primer lugar". Riechmann ilustra este fenómeno con un caso práctico: después de las elecciones en Andalucía, existen "exigencias de que se privilegie al sector fresero de Huelva, frente a la protección de un parque de Doñana que está agonizando".¿Cómo podemos estar esperando llegar a los 40 grados de temperatura antes de finales de mayo y fingir que vivimos en un mundo normal?El pensador diagnostica un segundo elemento: "una especie de fatalismo, de apocalipsis. Es decir, una convicción de que vamos hacia un mundo completamente distópico". Este fenómeno puede encajar dentro del concepto de "hipernormalidad". Esta hipernomalidad puede entenderse como "un orden social disfuncional, en el cual muchas señales indican que no tiene futuro. Y donde, sin embargo, todo el mundo hace como si fuera normal y fuera durar para siempre", explica Riechmann. El término fue acuñado para investigar la política de Leonid Brézhnev en la URSS, pero "lo encontramos todavía más marcado en el tipo de capitalismo en el que vivimos ahora". "¿Cómo podemos estar esperando llegar a los 40 grados de temperatura antes de finales de mayo y fingir que vivimos en un mundo normal?".PublicidadAntiintelectualismo contra el patrimonio históricoMientras tanto, los movimientos ecologistas continúan con sus movilizaciones para revelar la necesidad de medidas urgentes y denunciar la inacción climática. En este contexto tuvieron lugar los hechos por los que Riechmann se enfrenta a un segundo juicio penal. El 6 de abril de 2022, el grupo Rebelión Científica –nacido a partir de Extinction Rebellion– lanzó agua teñida con remolacha sobre la puerta del Congreso de los Diputados. La acción pretendía simular la sangre y representar así la condena de muerte que supone el cambio climático. Otra condena es la que pide la Fiscalía de Madrid para Riechmann por este hecho: 21 meses de prisión."Es un caso más de matar al mensajero, en lugar de hacernos cargo de un problema existencial. Está en juego la habitabilidad en la Tierra de seres como nosotros. Pero se recrudece esta represión antiecologista", expresa el filósofo. "En un principio se nos acusó de haber paralizado la actividad parlamentaria, lo que abría la puerta a una causa de carácter 'antiterrorista' ante la Audiencia Nacional", relata él mismo en una tribuna que publicó en este medio el pasado mes de enero. Todas las acusaciones decayeron, excepto una: a pesar de que el líquido que los activistas vertieron era biodegradable y fácil de limpiar, Riechmann se sentará al banquillo por un presunto delito de daños contra el patrimonio histórico.Está en juego la habitabilidad en la Tierra de seres como nosotros. Pero se recrudece esta represión antiecologistaLa tendencia que señala Riechmann a poner el foco en penalizar al mensajero mientras se ignora el mensaje puede reflejar cierto negacionismo científico y, por extensión, el carácter antiintelectualista del presente auge reaccionario. El profesor recuerda que el vicepresindente de EEUU, J.D. Vance, pronunció en 2021 un discurso titulado Las universidades son el enemigo. El político ultraderechista expuso un plan para la educación superior estadounidense. "Debemos atacar de forma honesta y agresiva a las universidades de este país", afirmó.Nuestras sociedades no están por cambiar, sino más bien por seguir en esa hipernormalidad, engañándonos de forma colectivaCon este panorama, el ecologista recuerda la obra de Naomi Klein, Esto lo cambia todo, que trata las contradicciones del capitalismo y el clima. Riechmann considera que el título es "optimista". En su lugar, "debería ser más bien Esto debería cambiarlo todo", valora. Ya que en realidad, "nuestras sociedades no están por cambiar, sino más bien por seguir en esa hipernormalidad, engañándonos de forma colectiva".Los límites del crecimiento y el error de las izquierdasLas razones por las que el auge ultraderechista viene a su vez acompañado por el negacionismo científico y la ofensiva antiintelectual tiene que ver con una "cuestión esencial", evalúa Riechmann: los límites del crecimiento. "Llegamos a esta situación de mundo lleno –por decirlo con el término de Herman Daly–. Un mundo saturado ecológicamente, en el cual estamos chocando con violencia contra los límites biofísicos de la Tierra", analiza el académico. En este punto de la historia, se vislumbran dos posibilidades: "O bien decir que necesitamos cooperar mucho más y realizar un cambio sistémico, o bien decir: 'que gane el más fuerte', que es el camino de estas ultraderechas".La respuesta ultraderechista resulta "distópica", en la medida en la que busca "incrementar esta lucha competitiva durante el tiempo que se pueda", diserta el académico. Pero aquí las izquierdas desempeñan un papel clave, en tanto en cuanto se espera de ellas frenar el auge reaccionario y conquistar los espacios decisivos para garantizar el bienestar ecosocial. Sin embargo, "la situación real en la que nos encontramos no es solo un asunto de derechas y ultraderechas. Buena parte de la sociedad, incluyendo sectores de la izquierda, también ve así la cuestión del crecimiento". Recuerda que los socialismos del siglo XIX y del XX defendían la necesidad de "un enorme desarrollo de las fuerzas productivas para llegar a una sociedad emancipada". Pero si el desarrollo "topa con los límites del crecimiento, le obliga a repensar también su noción de libertad, emancipación, consumo, de una sociedad justa... y eso se ha hecho en muy limitada medida, por desgracia".
El filósofo que alertó del desastre climático y que podría ir a la cárcel: "Quieren matar al mensajero"
Jorge Riechmann se enfrenta a dos juicios penales por participar en protestas ecologistas pacíficas.













