Nada más acabar la II Guerra Mundial en 1945, el presidente de Checoslovaquia, Edvard Benes, firmó los decretos que privaban a los ciudadanos de etnia germánica de la nacionalidad checoslovaca y confiscaban sus bienes. Fueron expulsados de sus hogares, primero de forma salvaje y luego con andamiaje legal, cerca de tres millones de alemanes de los Sudetes, un conjunto de territorios periféricos de Bohemia, Moravia y Silesia. Desde entonces, los supervivientes y sus descendientes han celebrado un encuentro anual que, este pasado fin de semana, se ha reunido por primera vez en suelo checo tras una invitación del festival Meeting Brno. Lo que pretendía ser un gesto histórico de reconciliación —en un país que fue ocupado por la Alemania nazi entre 1938 y 1945— ha logrado inflamar la Cámara de Diputados y unir, en contra del evento, a la extrema derecha y el comunismo. El 76º Día de los Alemanes de los Sudetes en Brno se inauguró el viernes con una “conmemoración de las víctimas del Holocausto” en la estación central de tren, desde donde hace más de 80 años fueron deportados los judíos moravos a los campos de exterminio, y se clausuró el lunes con una “conmemoración de las víctimas del nacionalsocialismo” en la antigua sede de la Gestapo, hoy una residencia de estudiantes.Hubo una misa católica, un servicio de culto protestante y una “marcha de la reconciliación”, en la que los caminantes recorrieron los pasos hasta Pohořelice que en mayo de 1945 siguieron más de 20.000 alemanes étnicos de Brno rumbo a la frontera austriaca. En su mayoría mujeres, niños y ancianos, fueron sacados de sus casas con lo puesto y obligados a marchar a pie custodiados por guardias armados. En el camino murieron al menos 1.700 personas por agotamiento, disentería y malos tratos.Días antes de la ceremonia de este fin de semana, el presidente de la Cámara de Diputados checa y líder de la extrema derecha, Tomio Okamura, impulsó una resolución parlamentaria para rechazar la celebración del congreso en Brno, afirmando que suponía una “relativización de los crímenes nazis”. El político ultra —nacido y criado en Tokio de padre japonés y madre checa— encarna un populismo xenófobo y antiinmigración. Su partido, que lleva el nombre de Libertad y Democracia Directa (SPD), intentó cancelar el foro de participación ciudadana de la capital morava.El primer ministro, el populista pragmático Andrej Babis, tildó también de “desafortunado” el encuentro de los descendientes de alemanes expulsados. Mientras que el ministro checo de Exteriores, Petr Macinka, afirmó en la televisión pública, con un tono incendiario: “Brno está en llamas”. Macinka lidera el tercer partido que compone la gran coalición de gobierno checo, los Automovilistas (Motoristé sobe), una formación que niega la agenda verde europea y defiende el motor de combustión.“El señor Macinka forma parte del mismo grupo político que Marine Le Pen y Viktor Orbán en el Parlamento Europeo. Son antidemócratas”, dice Bernd Posselt, presidente de la asociación de los alemanes de los Sudetes que organiza el congreso y exeurodiputado conservador. Le custodian dos guardaespaldas checos que se erizan incluso cuando una mujer se acerca a ofrecerle un schaumrolle (dulce de hojaldre) en el Centro de Exposiciones de Brno, sede principal del congreso durante el fin de semana.“Limpieza étnica”“El 80% de los alemanes de los Sudetes fue expulsado en 1946, no en 1945, por eso es un acierto celebrarlo este año en Brno. Mi familia vivía aquí desde el siglo XII y tuvo que abandonar en noviembre de 1946 Gablonz an der Neisse —dice Posselt, que cita el topónimo histórico alemán de la ciudad, hoy Jablonec nad Nisou—. La guerra había terminado hacía año y medio. No fue una reacción espontánea contra los crímenes del nazismo, fue una limpieza étnica del presidente Benes”. El recinto es pura arquitectura funcionalista morava de los años 20 del siglo pasado. A lo largo del pabellón se despliegan los estands como en un Fitur de regiones históricas. La palabra más repetida es Heimat, “patria”. Puede resultar sospechosa tanta artesanía y traje regional, porque el folklore no es inocente. Las reivindicaciones nacionalistas se endulzan tradicionalmente con cantos y bailes populares, pero aquí nadie levanta la voz. Nadie exige la revisión de los decretos de Benes. “Han pasado 80 años. No tiene sentido. Hay que mirar hacia adelante, no hacia atrás. Solo queremos celebrar nuestra cultura”, dice Posselt.Richard Kratschmar reparte folletos en el estand de la asociación sudeto-alemana Bruna. Viene de Múnich, tiene 75 años. Habla con brillo en los ojos del pionero de la aerodinámica supersónica Ernst Mach, del escritor Robert Musil, del fraile genetista Gregor Mendel y de otras tantas personalidades de habla alemana ligadas a Brno durante siglos de historia. Su abuela fue una de los 20.000 alemanes étnicos que hizo la marcha de la muerte el 31 de mayo de 1945. Caminaba sola con tres niñas pequeñas. “A pie, sin equipaje, no le dejaron coger nada”, dice dibujando un anillo que se desliza por el dedo. “La primera parada fue en Pohorelice, donde las milicias checas improvisaron un campo de concentración y murió tanta gente. De ahí a Viena, pero no los quisieron. Tuvieron que seguir hasta Ulm”. Su antigua casa familiar aún se conserva en pie. “Es solo una casa humilde de un suburbio de Brno. Hubo quien perdió propiedades importantes. ¿Revisar los decretos de Benes? Es una cuestión difícil. Si no los criticara sería admitir que lo que hicieron las autoridades fue legal, pero hay que pasar página”.Oskar Schindler también era alemán de los Sudetes. De Zwittau, hoy Svitavy, una ciudad ubicada 70 kilómetros al norte de Brno. Fue un oportunista que espió para los nazis antes de la anexión de los Sudetes sellada en los Acuerdos de Múnich de 1938, que supuso que los alemanes residentes se convirtieran automáticamente en ciudadanos del Tercer Reich y que luego, a partir de 1945, fueran considerados extranjeros por los checos. Si bien, Schindler es sobre todo el empresario que salvó la vida a más de un millar de judíos en Cracovia.Amenazas de muerteA las puertas del Gymnázium Vídenská en el centro de Brno, David Macek, cofundador hace una década del festival Meeting Brno, espera la llegada de los caminantes que recorren la Marcha de la Reconciliación. Vienen desde Pohorelice, a 30 kilómetros. Suya es la idea de que los alemanes de los Sudetes celebren su encuentro anual en la capital morava: “Surge de una pregunta incómoda: ¿por qué los sudeto-alemanes se han tenido que reunir siempre en Alemania, bajo el recuerdo nostálgico de su vieja patria, y no aquí?”, dice abrazado al mástil de una gran bandera de la Unión Europea. Ha recibido amenazas de muerte. “No son anónimas. Tienen nombres y apellidos, y la policía ya los ha localizado. Nos acusan de traicionar a nuestro propio país. La expulsión de los alemanes se hizo con violencia y fue un tabú en la sociedad checa durante décadas. Ahora la propaganda de Putin está haciendo su trabajo y muchos checos sienten de nuevo temor y rencor hacia los alemanes de los Sudetes”. ¿Brno está en llamas? “Invitaría a Petr Macinka a venir y verlo”, dice Macek. En las calles de Brno las protestas han sido organizadas por el Partido Comunista (KSCM). En la entrada del Centro de Exposiciones un par de centenares de personas levantaron una simbólica “barricada silenciosa” con banderas antinazis y el domingo se celebró un mitin que unió en el atril a la presidenta del Partido Comunista, Katerina Konecná, al diputado de extrema derecha Jindrich Rajchl y al expresidente de la República Checa Milos Zeman. Todos condenaron el intento de los alemanes de los Sudetes de reescribir la historia.El 15 de mayo, sin embargo, los rectores de las principales facultades universitarias de Historia del país firmaron en Praga un manifiesto en defensa de la iniciativa: “Si tememos este tipo de regresos y encuentros, solo demostraremos nuestra incapacidad de reconciliación y falta de confianza en nosotros mismos. La responsabilidad histórica es un tema complejo, y cada sociedad debe afrontarla a su manera. No somos los checos quienes debemos dar lecciones a los alemanes de los Sudetes en esta materia”.La próxima cita será en Núremberg. En 2028 se prevé que los alemanes de los Sudetes regresen de nuevo a la República Checa. El propósito de Bernd Posselt es afianzar la alternancia anual entre los dos países.
Los ecos de la ocupación nazi aún resuenan en Chequia
La celebración de un congreso de descendientes de los alemanes expulsados de los Sudetes tras la II Guerra Mundial desata una bronca política














