Para Sir Keir Starmer, la política exterior ha sido una especie de consuelo.
En el ámbito interno, la autoridad del primer ministro está hecha pedazos y lucha por mantenerse en el cargo.
En el ámbito internacional, sin embargo, puede atribuirse el mérito de haber fortalecido las relaciones con los vecinos de Gran Bretaña, mientras Europa se enfrenta a la vida con una América desafiante.
Primero, en el norte, llegó una nueva “asociación estratégica” con Noruega.
El año pasado, Sir Keir reforzó los lazos con Francia, acordando “coordinar” el uso de las armas nucleares de ambos países.










