El primer ministro del Reino Unido insiste en que el futuro de Groenlandia corresponde a los habitantes de la isla y a Dinamarca

Es una constante histórica. El lazo de unión entre el Reino Unido y el continente europeo siempre corre el riesgo de deshacerse por el lado de Washington. Keir Starmer ha comparecido con urgencia a primera hora de este lunes en Downing Street para intentar lograr la cuadratura del círculo: preservar la “relación especial” del Reino Unido con Estados Unidos, alejarse del enfrentamiento en ciernes entre Washington y Bruselas y convencer al mismo tiempo a sus propios ciudadanos de que sabe mostrarse firme ante el amigo americano. Según las encuestas, la impresión general de los británicos es que Starmer no ha hecho otra cosa en estos meses que plegarse ante cada nueva ocurrencia de Trump.

El primer ministro británico ha intentado mostrar firmeza frente a las amenazas anexionistas de Trump sobre Groenlandia —“el estatus futuro de Groenlandia pertenece solo a sus habitantes y al Reino de Dinamarca”, ha dicho—; y ha cargado contra la nueva guerra arancelaria desatada por el presidente estadounidense —“el uso de aranceles contra aliados es una decisión equivocada”, ha repetido—. Pero, a la vez, ha intentado tomar distancia del discurso de represalias contra Washington que cobra fuerza en Bruselas y algunas capitales europeas. “Preferimos soluciones a eslóganes, y no caeremos en comentarios o gestos políticos que dañen al pueblo británico”, ha prometido Starmer.