Aunque los ministros de las principales áreas de Gobierno permanecen en sus sitios, los cambios que Keir Starmer ha anunciado este lunes, en el comienzo de un nuevo curso político, muy centrados en reforzar la cúpula del poder, revelan serias debilidades y carencias poco más de un año después de que el Partido Laborista se hiciera con el poder en el Reino Unido.
El primer ministro británico ha incorporado al organigrama de Downing Street, donde se concentra todo el aparato que rodea la figura y el cargo del jefe de Gobierno, a Darren Jones, con el nuevo puesto de secretario jefe. Esa figura solo existía normalmente en el Ministerio de Economía, y correspondía al número dos del ministerio más poderoso del Ejecutivo.
Starmer arrebata de este modo a la ministra Rachel Reeves a su hombre de confianza, para encargarle la dirección y coordinación del mensaje de un Gobierno en horas bajas, muy acorralado por el populismo de derechas de Nigel Farage y su partido Reform UK.
Jones es un laborista convencido, capaz de enfrentar a la xenofobia y el nacionalismo que destila hoy la ultraderecha británica un mensaje de solidaridad y compasión, pero ha demostrado además en el primer año de Gobierno una mano dura en la defensa de la política económica ortodoxa —austera, para muchos críticos— desplegada por Reeves.











