Brotes verdes. La expresión se popularizó en el 2009 después de que la usara el entonces presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben Bernanke, en referencia a la graves crisis mundial. Poco después la acuñó la ministra de Economía, Elena Salgado, recién estrenada en el cargo, sin saber, o no adivinar, que no solo no se iría a mejor, sino que todavía quedaba lejos el fondo de la recesión. Barcelona aspira a tener algo más de suerte al aplicar el dicho al problema del acceso a la vivienda. Con dos factores: la caída de la compraventa de edificios enteros con más de 10 viviendas y la estabilización del incremento del precio del alquiler desde que se implantó el tope de la renta en zonas tensionadas en el 2024.

Lee también

El objetivo del Ayuntamiento es estrechar la enorme brecha entre la renta familiar y el coste de la vivienda, en una ciudad, y no es un dato baladí, en la que el 31% de los pisos son unipersonales, porcentaje que era de tan solo el 18% en 1991. Según los datos que maneja el Consistorio, si en el 2023 la diferencia era lo que entra en casa y lo que cuesta un alquiler era casi el doble a favor de la renta (91,5 puntos en un índice de 100), ahora está en 70,4 puntos, una diferencia todavía sideral pero que tiende a la baja, ya que según el último informe del Observatori Metropolità de l’Habitatge de Barcelona, los ingresos crecen a mayor ritmo que el coste medio de un alquiler en la ciudad.