Las compraventas de edificios enteros de vivienda se desploman en Barcelona. Si en 2024 fueron 217 inmuebles, en 2025 la cifra cayó a 149, un 31% menos. Son datos del Ayuntamiento, que conoce el dato porque las compraventas de este tipo de activos deben comunicarse a las administraciones para darles opción preferente a comprarlas (con el mecanismo del tanteo y retracto). La mayoría de ofrecimientos que recibe el Consistorio son de inmuebles de los distritos del Eixample, Ciutat Vella y Sant Martí. Y de donde menos, de Sant Andreu, Les Corts y Nou Barris. El comisionado de Vivienda, Joan Ramon Riera, celebra que estas operaciones vayan a menos y lo atribuye a las sucesivas regulaciones en materia de vivienda que buscan proteger a los inquilinos y espantan al capital. “Nos hace pensar que estamos en el buen camino, desde que regulamos [con la Ley de Vivienda] el precio del alquiler, después el alquiler de temporada, los colivings (alquiler de habitaciones)... la posibilidad de beneficio inversor o especulador es menor”, celebra Riera sin matices: “Todavía hay fondos buitre operando en la ciudad de Barcelona, pero ya no vienen más, o podemos estimar que no vienen más: la demanda especulativa va a la baja gracias a la regulación y nos quedamos con la residencial”. Desde 2021 las compraventas de edificios enteros se mantuvieron cada año por encima de las 200 unidades (salvo en 2022, cuando fueron 167).La compra de edificios enteros está en el origen de la expulsión de vecinos por parte de nuevos propietarios que no renuevan los contratos, con el objetivo de reformar las viviendas para alquilarlas más caras, convertirlas en colivings (pisos compartidos con habitaciones que cuestan hasta mil euros) o venderlas. Es lo que ha ocurrido, y han denuciado los Sindicatos de Inquilinos, con edificios como Casa Orsola (símbolo de la lucha por los alquileres desde 2024), o bloques como el de la calle de Sant Agustí de Gràcia conocido por los intentos de expulsión del inquilino Txema Escorsa; el bloc Papallona, de estilo modernista y donde los vecinos han alertado de daños patrimoniales por parte de sus caseros; o los inquilinos de un inmueble de la calle de Mallorca cuyo comprador repartió los pisos con tres empresas el mismo día de la adquisición. La compra de edificios también amenaza negocios como residencias de ancianos en el Eixample y bloques enteros por toda la ciudad, del Poblesec a Sarrià. Los compradores son de signo variopinto: en los ejemplos citados, el inversor de Casa Orsola fue una patrimonialista de una familia catalana (Lioness), en Gràcia o Papallona es la inmobiliaria NAD, de capital holandés (que esta misma semana desahució a una vecina de la calle de Buenos Aires) o y en la calle de Mallorca un entramado societario internacional que dificulta la interlocución a los vecinos.Precio del alquiler estable y menos contratos de temporadaEn paralelo a los datos de compraventas, el Ayuntamiento de Barcelona ha publicado este lunes el informe semestral del Observatorio Metropolitano de la Vivienda (OHB) de seguimiento del impacto de la regulación del alquiler en Barcelona, la primera gran ciudad española donde se toparon los precios. El codirector del Observatorio, Carles Donat, centra el balance en el comportamiento de los precios (que se frena en los nuevos contratos, aunque sube el precio por metro cuadrado), el parque de pisos de alquiler y el comportamiento de los alquileres de temporada. En todos los casos, los datos (del segundo trimestre de 2024 a finales de 2025) están tomados del registro de fianzas del Incasòl y corresponden al periodo de regulación de los alquileres.Donat señala que con la entrada en vigor de la regulación se produjo una brusca caída de nuevos contratos (que el observatorio atribuye a los contratos más largos, que tardaron más en extinguirse cuando pasaron de tres a cinco o siete años de vigencia) y desde 2024 se han estabilizado. “Se han mantenido en niveles bajos, porque a los propietarios desde el punto de vista de la rentabilidad no les sale a cuenta cambiar de inquilinos [porque no pueden subir precios] y mantienen a los que tienen”. Sobre el saldo entre nuevos y los que se extinguen, el Observatorio asegura que el parque en alquiler (que ronda los 230.000 pisos), ha crecido en 1.374 unidades.Sobre los precios, Donat destaca que durante la vigencia de la regulación el precio medio de los nuevos contratos ha pasado de 1.193 euros mensuales a 1.161 euros, un 2,7% menos, aunque el precio ha aumentado en los dos últimos trimestres. También ha subido si se mira el metro cuadrado, lo que se explica por dos fenómenos: se alquilan pisos más pequeños, y ha entrado en la estadística y se cuentan también los pisos de obra nueva de alquiler (donde los de precio libre no entran en la regulación y los públicos tienen precios asequibles).En el caso del alquiler de temporada, los datos apuntan a una brusca caída de los nuevos contratos de un 53% en solo un trimestre (del tercer al cuarto de 2025, cuando fueron 1.282) justo después de la regulación catalana. Pero hay que tomar este dato con cautela: porque se trata de solo un trimestre, y porque la administración desconoce cuántos contratos de alquiler de temporada se registran en el Incasòl.