La cuestión del acercamiento de los jóvenes a posturas conservadoras ha prevalecido en la conversación mediática de los últimos años. Titulares de prensa, artículos y series de televisión pronostican un retorno de la ideología reaccionaria que sitúa a los hombres jóvenes como potenciales precursores de este reflujo. PublicidadAlicia Valdés, politóloga, doctora en Humanidades y autora del ensayo Auge: género, juventud y extrema derecha, explica que esta deriva reaccionaria –si bien amplificada por el alarmismo y el discurso antifeminista de la ultraderecha– ha venido determinada por un malestar material que ha alcanzado a la juventud. El feminismo ha ampliado las formas de entender la masculinidad y la feminidad. No obstante, ¿por qué una parte de los hombres no se ha identificado con estas propuestas? Nos encontramos en un momento donde es posible abrir una conversación sobre lo que significa ser hombre y rearticular esta identidad. Esto ocurre en un contexto de crisis sistémica del capitalismo, donde la idea del sujeto masculino obrero se ve cada vez más debilitada, lo que genera un malestar. La cuestión aquí es cómo se va a interpretar ese malestar. Hay discursos y narrativas propias de la extrema derecha que hablan de pérdida de derechos e identidad, e incluso una supuesta "extinción" del hombre. Lo que hay realmente aquí, sin embargo, es un malestar que necesita ser entendido. ¿Cómo está influyendo este malestar en la construcción de la subjetividad política de los jóvenes? Creo que todo el malestar vivido en la adolescencia va a marcar la manera en la que luego vas a adherirte políticamente a una o a otra causa. La gente a partir de los 2000 nace sin vivir momentos de bonanza económica y, además, en un momento en el que, narrativamente y en los marcos político-retóricos, lo que se dice es que no hay futuro, no hay esperanza. Antes podíamos entender las crisis como algo inherente a la economía, pero ahora, cuando hablamos de crisis, hay que sumar muchas otras dimensiones. Formo parte de una generación a la que se le hizo una promesa y luego se le rompió, pero hay una generación en la que directamente no ha habido promesa. A lo que se enfrenta es a la idea de que el futuro está cancelado. Resulta complejo porque culpamos constantemente a los jóvenes. Primero se dijo que contagiaron el covid a las personas ancianas; ahora parece que contagian el fascismo a la sociedad. Hay una dinámica de buscar culpables, mientras se les exige responsabilidad política a unos jóvenes que han llegado a un mundo que no han construido.¿Cree que este proceso de subjetivización política viene determinado no solo por lo material, sino también por una cuestión aspiracionista e identitaria? El malestar por el que investigo tiene causas económicas. Y aquí la cuestión es cómo se interpreta y quién se aprovecha de él. La extrema derecha lo que hace es decir: "Voy a explicarles que las culpables son las feministas, y eso me va a servir para generar de nuevo un antagonismo social". Y esto es importante porque no se trata solo de movilizar afectos que ya están, sino de manipularlos y hacer que estén. Si realmente pensamos que el malestar viene de algo que está sucediendo en términos económicos, entonces el problema es del capitalismo. Lo que pasa es que también la izquierda debería preguntarse si quiere seguir adoptando posiciones de izquierda o no, porque puede haber una izquierda que no sea anticapitalista, y eso es algo que deberíamos plantearnos.PublicidadEn este sentido, ¿la izquierda está sabiendo leer el malestar de los hombres jóvenes? Si como gente de izquierdas no queremos acercarnos al malestar de los chicos jóvenes porque pensamos que es una posición que puede entenderse como antifeminista, entonces hemos perdido toda una batalla. Negar la especificidad de un malestar en un cuerpo hombre es un error. El comportamiento político está determinado por la percepción del sujeto. El problema aparece cuando el sujeto percibe que está siendo dejado de lado o que no es bienvenido en según qué espacios.Comenta en el ensayo que no estamos ante la generación ni más machista ni más fascista. ¿Por qué, entonces, ese relato cala con tanta fuerza? Por varias cosas. Por un lado, creo que el periodismo se encuentra en un momento de crisis. Los medios de comunicación tienen que competir con los creadores de contenido. Entonces, efectivamente, hay una cosa que tiene que ver con qué titulares me van a dar más visualizaciones y cuáles me van a dar menos, la cuestión del clickbait. Por otro lado, una cosa que no solo tiene que ver con los medios, sino con las retóricas en las que estamos inmersas es el alarmismo. Además, cuando se pregunta a los jóvenes por el feminismo, muchos dicen estar a favor de la igualdad, pero rechazan el término "feminista". Y, en ese marco, la ultraderecha ha logrado conectar con parte de los hombres jóvenes a través de un discurso antifeminista, presentando como pérdida de derechos o privilegios lo que en realidad responde a cambios en el sistema capitalista.¿Cree que la ultraderecha se aprovecha de esta crisis de identidad para atraer a parte de la clase obrera? Sí. La conexión entre obrerismo y extrema derecha no es nueva, de 2026, y los chavales de 20 años que dan palizas no han aparecido ahora. Podemos hablar de la muerte de Palomino, de la muerte de Guillem Agulló y de todo el entramado judicial que protegía al que lo mató. Parece que ahora los chavales son el problema del mundo, pero cualquiera que vivió los noventa en ciudades como Madrid o València sabe lo que había. PublicidadY en relación con esto, ¿parte de las mujeres y algunas personas LGTBI+ pueden verse interpeladas por esta ola conservadora? La idea del Hombre es un arquetipo, un ideal, y por lo tanto cualquier cuerpo puede interpretarlo. Isabel Díaz Ayuso es el ejemplo perfecto de cómo esa identidad del Hombre, (el hombre con H mayúscula) puede ser interpretada por una mujer. Si te acercas ahora mismo a los canales de YouTube de estoicos, vemos perfectamente cómo esa identidad del Hombre, que primero fue un discurso solo para hombres de alto valor, ya se ha convertido en un discurso para mujeres de alto valor y, efectivamente, habrá gays de alto valor. Ya los hay. Porque elitismos y jerarquías siempre ha habido. Y eso también es importante recalcarlo.¿Hay un interés económico en promover un retorno a formas más tradicionales de entender lo masculino?Hay una cosa que tiene que ver con influencers, claramente vinculada a lo económico y a lo ideológico. Hay manfluencers –a los que categorizamos como de alto nivel de parasitismo ideológico– que van a vender una identidad que les dé dinero, y si la tienen que cambiar, la cambian. Lo estamos viendo mucho, cómo los manfluencers antes hablaban de la sexualidad de una manera y ahora dicen: "Cuidado con el sexo esporádico, cuidado con tal", acercándose a discursos ideológicos que parecen dar más dinero porque son más viralizables.Se suele culpabilizar a los jóvenes, pero aunque estos reciben los discursos, quienes más los producen en su mayoría son los adultos. ¿Qué responsabilidad específica atribuye a las personas adultas? Y, sobre todo, ¿cuál sería el punto de partida para intervenir en esta situación?He trabajado en el tercer sector con jóvenes y, claramente, hay que empezar a tomar decisiones sobre jóvenes con jóvenes. Tiene que haber políticas públicas dirigidas a los jóvenes, pero no desde una perspectiva adulta. Siempre pongo el mismo ejemplo. Durante el covid, el adulto que fumaba podía salir al estanco las veces que quisiera, pero un niño en una etapa fundamental de desarrollo no podía ir al parque. Ahora nos quejamos de que están todo el día pegados a las pantallas cuando han vivido una pandemia sin derechos para socializar. Lo primero que tenemos que hacer es tener en cuenta los datos que ya tenemos. La primera causa de muerte no accidental entre jóvenes es el suicidio. Tenemos que tomarnos en serio cuáles son los malestares de los jóvenes y su especificidad. El mundo al que se enfrentan es muy diferente al que enfrentamos antes. Tenemos que empezar a entender al joven como un sujeto político, con respeto y dignidad. Han desmantelado la educación pública, las ratios son delirantes y no hay seguimiento cercano. Nos estamos cargando el sistema de bienestar, la salud pública y las pensiones. La gente tiene mayor carga laboral para gastos a los que no puede hacer frente. Los chavales no reciben la atención que necesitan de las escuelas ni de los hogares, porque no hay tiempo. Y, mientras se les echa en cara ese menor acompañamiento, si se refugian en redes nos enfadamos.¿Hasta qué punto el discurso contemporáneo de la salud mental puede estar individualizando todos estos problemas que, en realidad, son políticos y estructurales?Hay muchas cosas a las que se llaman trastornos mentales que, en realidad, son síntomas de un malestar político. Ante el síntoma de, por ejemplo, no poder hacer frente a un alquiler, se te dice que es algo que está en tu cerebro y que no funciona bien. Con los jóvenes pasa lo mismo. Hay una gran cantidad de diagnósticos de enfermedades nuevas para menores de edad cada cierto tiempo. Si hay un malestar, hay que darse cuenta de que el Estado español tiene una de las tasas más altas de pobreza infantil. Repito: la primera causa de muerte no accidental en jóvenes es el suicidio. Si no leemos en términos políticos lo que les sucede a los chavales, se encargarán otros de leerlo en términos patológicos. Y entonces tendremos una sociedad absolutamente imbuida en la toma de psicofármacos.
Alicia Valdés: "Si no leemos en términos políticos lo que les sucede a los chavales, ya se encargarán otros de hacerlo en términos patológicos"
La escritora e investigadora conversa con 'Público' con motivo de la publicación de su nuevo ensayo.
Alicia Valdés vincula el giro conservador juvenil al malestar económico estructural —futuro cancelado, promesas rotas—, no a una nueva oleada fascista per se. La izquierda que evite ese malestar masculino por miedo a parecer antifeminista cede terreno político a narrativas de extrema derecha que lo redirigen contra el feminismo.









