Los lectores y las lectoras escriben sobre el malestar juvenil, la insensibilidad en la política, el reto de opositar y el desarrollo tecnológico de China

La izquierda —y la izquierda de la izquierda— debería detenerse a pensar. No en clave táctica sino estratégica. No en el próximo titular sino en la próxima generación. La juventud vive un malestar silencioso. Es, probablemente, la generación más formada de nuestra historia y, paradójicamente, una de las más castigadas: precarie...

dad estructural, salarios que no permiten emanciparse, dependencia familiar prolongada, acceso casi imposible a una vivienda digna, dificultad para proyectar un futuro estable e incluso para plantearse la maternidad o la paternidad. Ante este escenario, la reunificación de siglas puede ser una maniobra electoral. Pero no basta. Los jóvenes no buscan carteles nuevos ni eslóganes rehechos; buscan soluciones tangibles y horizontes creíbles. Si la izquierda aspira a reconectar con esa mayoría desencantada, necesitará algo más que alianzas tácticas: necesitará consensos sólidos, liderazgo solvente y propuestas que transformen las condiciones materiales de vida. Sin eso, cualquier estrategia será solo cosmética.