En los últimos años, una idea ha comenzado a repetirse con insistencia en titulares, tertulias, estudios y ficciones audiovisuales: los hombres jóvenes se están acercando a la extrema derecha y el feminismo tendría algo que ver con ese desplazamiento. La afirmación, formulada muchas veces en términos alarmistas, ha servido para instalar la idea de que la juventud masculina ha sido capturada por la manosfera, el antifeminismo y los discursos reaccionarios.
Alicia Valdés no niega que exista un malestar entre los hombres jóvenes, pero lo que sí discute es el diagnóstico que se está haciendo de ello. En Auge. Género, juventud y extrema derecha (Debate, 2026), la autora propone desplazar la pregunta: en lugar de asumir que el malestar masculino procede de los avances feministas, habría que mirar hacia un sistema económico en crisis que ha roto muchas de las promesas sobre las que se construyó la masculinidad tradicional.
“Creo que la retórica y el marco narrativo que se está instalando es muy alarmista”, explica Valdés, que ha trabajado con jóvenes en espacios de atención e intervención social. Esa experiencia, cuenta, fue una de las razones que la empujó a escribir el ensayo. “Quienes trabajamos en educación con jóvenes, o quienes trabajamos en el tercer sector con jóvenes, creo que vemos una heterogeneidad mucho mayor que la que queda reflejada en los discursos públicos actuales”.






