En la televisión de este país no se inventan apenas formatos de concursos, sino que se compran de otros países
Nos está pasando por delante de los ojos (en paralelo a tramas más glamurosas como la Palma de Oro de los Javis) una gran película de intriga, dinero y poder en los medios de comunicación. Estamos viviendo Quiz Show (Redford, 1995) y Network (Lumet, 1976) en su variante más prosaica, la demanda mercantil. Denso en su planteamiento, magro en su raíz, y florido en los resultados. No he podido dejar de pensar en Mogatu (antagonista de Zoolander en la película homónima) gritando: “¡Yo inventé la corbata de teclas de piano!”.
Muy a menudo me pregunto por qué en la televisión de este país no se inventan apenas formatos de concursos, pero se compran formatos de otros países. ¿Nadie con dinero quiere apostar por nadie que tenga una idea propia? Pasapalabra, es un invento registrado por unos señores ingleses, pero El Rosco, la prueba estrella, es una creación de unos señores diferentes, unos de Países Bajos. Telecinco compró Pasapalabra, pero no El Rosco. Y el programa completo es lo que el público consume.
La guerra entre Antena 3 y Telecinco es tan antigua como la propia fundación de la cadena. Antes de que Antena 3 le diera el sorpasso a Telecinco, ya hubo otros enfrentamientos, como el grotesco caso de Médico de familia y Tres hijos para mí solo, dos series calcadas que se estrenaron el mismo día a la misma hora; el resultado fue desconcertante para la audiencia, y muy ilustrador para futuros estudiantes de Ciencias de la Información. Frade acusó a Emilio Aragón y a Globomedia de plagio. El juez les absolvió. Tres hijos para mí solo dejó de emitirse tras un par de episodios, y Médico de familia se quedó como serie estrella de Telecinco.












