El Rosco no es solo la prueba final de un concurso. Es La Prueba, pues atesora la llave del éxito de la televisión de hoy. En una sociedad polarizada, en las que muchos programas se observan desde una susceptibilidad ideológica, El Rosco reúne a la sociedad sin suspicacias. Todos queremos ver a los participantes acertar las palabras que esconden las letras mientras sentimos que jugamos con ellos. Y el juego nos acompaña a diario, va de la mano de nuestros hábitos cotidianos. A la misma hora. Sin dar rodeos, como otros formatos televisivos. Este, no falla. Cada día, sabemos que empieza y que termina sobre las nueva de la noche. Es como una ilusión rutinaria que rompe con nuestra monotonía gracias a una fórmula que, además, es muy telegénica. El círculo de letras que rodea las cabezas pensantes de los concursantes es una corona muy visual, contundente y épico. No da tiempo a parpadear. Pero los derechos de autor de la rosquilla más famosa de la tele viene creando muchos problemas desde la etapa de Telecinco, canal que terminó perdiendo la marca de Pasapalabra. También por una sentencia. Y su audiencia empezó a resquebrajarse. Parecía un contenido más de una cadena de éxito, pero El Rosco contaba con un superpoder: atraía a otros públicos que no estaban en la inercia del canal. Gente que no era fan del corazón y el reality corría a encender el cinco a partir de las ocho de la tarde para ver el programa. Así, luego, se quedaban ya en el informativo de Pedro Piqueras que lideraba en espectadores, como ahora lo hace Vicente Vallés. El arrastre de audiencias de El Rosco es vitamina para Antena 3 Noticias y, más tarde, para el El Hormiguero. De ahí la relevancia del concurso que ocupa el comienzo del prime time real de la televisión actual, donde se congrega el mayor número de personas frente a la pantalla. Este jueves ha saltado la noticia que remueve el tablero televisivo: el Tribunal Supremo confirma la sentencia que obliga a Atresmedia a cesar en la emisión del programa Pasapalabra con El Rosco. “La resolución desestima íntegramente los recursos presentados por Atresmedia e ITV Studios, así como el recurso de MC&F (productora propietaria de El Rosco), y confirma en todos sus extremos la sentencia recurrida que reconoce que el formato televisivo conocido como El Rosco constituye una obra protegida por la propiedad intelectual, cuya titularidad corresponde a la empresa MC&F Broadcasting Production and Distribution C.V”. El problema empezó asíCómo hemos llegado hasta aquí. El lío de la propiedad intelectual del concurso comienza cuando el Telecinco italiano, Canale 5 de Berlusconi, compra los derechos del británico The Alphabet Game, un programa de ITV en el que rivalizaban dos concursantes apadrinados por famosos. ¿Les suena? Pero no destacó en la BBC y Mediaset decidió dotarlo de un final feliz más épico: incorporó la prueba de El Rosco, que tenía en cartera porque contaba también con los derechos de otro concurso 21x100. Los italianos fusionaron los dos programas. Podían. Tenían un acuerdo con ambas ideas.En el año 2000, Antena 3 compró Pasapalabra a ITV. Y calcó la versión italiana. Incluso con bailarines danzando la sintonía del show. Caló por fácil de jugar desde casa y por carismático de ver. Pero en 2006 bajó la audiencia y se retiró. Un año después, Telecinco lo recuperó, donde se asentó la dinámica rompe audiencias que llega hasta hoy. Pero Paolo Vasile suspendió la producción con ITV al percatarse de que esta productora no contaba con los derechos de El Rosco, que era el valor diferenciado del programa. Ahí brotó el complejo galimatías. Por un lado, están los derechos de ITV: la dinámica de famosos apadrinando y los juegos de palabras previos que calientan el tono del show y permiten conocer a los concursantes hasta sentirlos de la familia, crucial para el éxito de Pasapalabra. Por otro lado, están los derechos de El Rosco. Como apoteosis adrenalínica que da sentido a todo. Se necesitan mutuamente. Son dos programas diferentes unidos por el triunfo. Porque sin el golpe del desenlace narrativo de su prueba final el formato en sí no tiene fuerza. En Francia, El Rosco se sustituyó por una especie de rueda de canto. Menos portentoso porque no se observa a carismático golpe de vista los aciertos y los fallos que llevan. Nuestro autóctono Saber y Ganar también incorporó El Reto en los noventa. Otra nerviosa prueba de desenlace con palabras. Esta vez, con casillas con tres letras en vez de una sola. Pero no es lo mismo. Antena 3 lo necesita como engranaje. Porque El Rosco mantiene el superpoder de la televisión de siempre con la fuerza de la tele de mañana: la capacidad de reunión de todos sin dar rodeos. Solo poniéndonos a adivinar palabras con la emoción de jugar juntos.
El origen del conflicto de los derechos de El Rosco: el juego con la llave del liderazgo televisivo
El Tribunal Supremo ha dictado que 'Pasapalabra' no contiene los derechos de emisión de la prueba de 'El Rosco'











