Todas las épocas del fútbol fueron hermosas, hasta las feas. Cuando se jugaba lento y con grandes espacios, también nos gustaba. Incluso cuando se pegaba a mansalva como se le pegaba a Maradona, con reglamento y árbitros blandos. Con técnicos y sistemas avaros y ultradefensivos, también era bello. Es tan maravilloso este juego que está por encima de miserias y fealdades. Desde chico conviví con la apocalíptica frase “El fútbol se muere”. Nunca la creí. El fútbol se sobrepone a todo, a dirigentes corruptos (inmensa mayoría), a técnicos ruines, a hinchas violentos, a jugadores malos. Y florece en cada primavera y en cada pedacito de planeta con fuerza arrolladora.En ello tienen todo que ver los futbolistas. No son la única verdad del fútbol, ni la parte más noble, como se venden ellos mismos con astucia, sí lo más relevante. Son los causantes de nuestra pasión. Cuando dos amigos se juntan y empiezan a evocar, evocan jugadores, cracks, individuos que te hicieron amar el fútbol, que te dieron razones para hacerte hincha, que te hicieron pelear con tu mujer por elegir un partido antes que ir al cine, que propiciaron el abrazo más profundo con tu viejo o tu hijo, que te regalaron momentos inolvidables para el resto de tu vida. Por décadas, todos los perros que hubo en casa se llamaron Bocha, las claves de Internet o de la alarma eran BochiniDios, Bochini10, Bochaquerido… Los muchachos de la ferretería, de la peluquería o del club de mi barrio me decían “Hola, Bocha”. A mí, por mi afición incondicional hacia el genio de Independiente. Es cuando la admiración atraviesa el umbral del cariño y se transforma en impronta personal, familiar. Nunca dejamos de acordarnos con mi hermano o con mis hijos, cada 25 de enero, que era el cumpleaños del Maestro. Hasta hoy.Por eso entiendo (y espero con ansias) el libro que acaba de presentar, en España, Alfredo Relaño, periodista de los grandes, exdirector por casi tres décadas del diario AS, de Madrid, y autor de una decena de libros de fútbol. 366 futbolistas de todos los tiempos que han hecho historia es el título de la obra. Relaño (75 años) ha observado como un dron más de seis décadas de nuestro deporte, sabe ver el juego y tiene buen criterio analítico. Hay cantidades de futbolistas que uno no vio y los verá a través de sus ojos. Desde luego, no se puede coincidir en todo.Me formé periodísticamente al lado de Juvenal (Julio César Pasquato), en El Gráfico, mi maestro, un hermano mayor, un coloso de esta profesión. Pasábamos horas hablando de jugadores, su especialidad. A Julio se le podía preguntar hasta por un lateral derecho de Chacarita de 1940 y daba la descripción pormenorizada: “Bueno con la pelota, discreto marcando, se agrandaba contra Boca y River”. Había visto todo. Y uno imaginaba a través suyo. Con Relaño acontece algo similar. Espero “ver” jugadores del pasado con su libro, que me cuente de Puskas, de Amancio, de Collar, un wing izquierdo del Atlético de Madrid que, dicen, era fenómeno.Jorge Valdano, a quien Relaño no incluyó entre los 366, acompañó al autor en la presentación del compendio, el jueves último, y describió una parte esencial de él: “El libro importa porque detrás de cada jugador hay una historia de vida. Alfredo elige seis dioses que marcaron la historia del fútbol desde la posguerra hasta hoy. Di Stéfano, que inventó al Real Madrid desde el campo; Pelé, rey por elección popular; Cruyff, que nos obligó a pensar el fútbol como bien cultural; Maradona, una épica estrella del rock; Messi, porque hay genios que nacen; y Cristiano Ronaldo, porque también existen genios que se fabrican a sí mismos. Cada uno marcó a fuego su generación. Y como todos creemos, en el fondo, que el verdadero fútbol empezó el día en que nacimos, solemos elegir al mejor de todos según nuestra propia fecha de nacimiento”. El genial escritor futbolero, antes futbolista campeón del mundo, añadió: “Después aparecen veinte semidioses y, finalmente, 340 futbolistas ‘simplemente’ extraordinarios. Pasear por la historia de la mano del fútbol es una gran idea. Hacerlo acompañado de gente admirable es un privilegio”.Valdano le sugirió a Relaño, al comienzo de la tarea, que apelara a la “memoria sentimental”, que es la que no falla. Es una indicación perfecta; hay que recordar por lo que a uno lo conmovió. Cuando se elaboran los rankings de mejores arqueros de la historia, el desconocimiento futbolístico, unido al exacerbado eurocentrismo, suelen no ubicar a Ubaldo Fillol ni entre los primeros treinta guardametas históricos. Nadie fue más que el Pato, ni Casillas ni Neuer ni Buffon ni Banks ni Yashin. Iguales puede haber; mejores, no. Era un gato, con una seguridad y una mentalidad ganadora fabulosas. Un cazador de campo: desconfiado, atento, al acecho. Arquero de cuadro grande, aunque durante cuarenta minutos no fuera exigido, cuando lo hacían respondía de manera extraordinaria. Tener a Fillol era entrar ganando uno a cero todos los partidos. Monstruo absoluto. Por eso es decisivo recurrir a la memoria sentimental.Refiriéndose al libro, el propio Alfredo reconoció que, para elaborar la lista, dividió la historia del fútbol en cinco etapas. Y para entrar en ella, esos jugadores, aparte de ser muy buenos, debían ser jugadores que hubiesen marcado una historia. Porque todo cuenta: calidad técnica, genialidad, influencia, títulos ganados, marcas individuales, personalidad, liderazgo, perdurabilidad, impacto, legado. Es un balance de muchos factores. Perfecto ejemplo es el fantástico Eusebio. Es un indiscutible personaje de los mundiales, aunque disputó una sola edición, no fue campeón y ni siquiera llegó a una final, pero deslumbró en Inglaterra 1966, fue el goleador del torneo marcando tantos espectaculares, dos de ellos para ganarle 3 a 1 al bicampeón Brasil, y puso a Portugal en el mapa de la consideración internacional cuando era una selección menor. Su herencia se recordará eternamente, porque estuvieron a un tris de ser campeones. Ahora ya Portugal es Portugal, un animador importante.“Ha sido una labor fatigosa, pero lo he pasado muy bien”, dijo el periodista. Vaya que lo debe haber sido: el volumen tiene 872 páginas, una biblia. El enfoque no es solo estadístico o deportivo: Relaño mezcla historia, recuerdos personales, contexto social y evolución táctica del fútbol. Desde luego, su elección sumamente respetable y seguramente acertada. Este cronista tal vez hubiese incluido a Beckenbauer entre los dioses supremos. Franz es el máximo representante de un país que es cuádruple campeón mundial y superpotencia de este deporte. Que ha sido ganador de absolutamente todo en lo colectivo e individual y que, aún hoy, es el símbolo de la elegancia. Zidane, Michael Laudrup, Roberto Baggio, Laurent Blanc estuvieron a un pelo en distinción y refinamiento, pero no alcanzaron la línea de Beckenbauer. Que además era volante central o zaguero centro. O sea, un número 10 puesto de último hombre. El Káiser representa la clase, la personalidad, el triunfo. Es el Mercedes Benz del fútbol, un auto para presidentes, embajadores y ejecutivos. Pasaron 62 años desde su debut; nadie ha podido igualar su exquisitez. Y cuanto más veloz se torne el juego, menos podrán, porque la elegancia requiere de cierta cadencia, de cierta velocidad de crucero que no ensucie la maniobra.Pero esos son cinco centavos aparte. Ya estamos ansiosos por saber quiénes son los 366. (O)