Los equipos más o menos buenos pueden pasarse dos o tres minutos seguidos demostrando, con pases elegantes y perfectamente superfluos, cuánto dominan

Esto, querido lector, es una correspondencia entre dos de las grandes plumas de las letras hispánicas. Martín Caparrós y Juan Villoro, amigos y fanáticos futboleros, iniciaron una conversación –íntima y pública al mismo tiempo– con la excusa de la celebración del Mundial de Qatar, en 2022. Ahora, cuatro años más tarde, retoman esa misma seríe, titulada ‘Un mundial de ida y vuelta’, para seguir con idéntica pasión el día a día de este otro Mundial que acogen EEUU, México y Canadá.

Por esto nos gusta el fútbol, ¿no, Granjuán? Por noches como esta, porque a veces pasan cosas como esta, la rebelión, la derrota del orden, un pequeño David sudaca ganándole al Goliat más germano de todos, un país desdeñado y pequeñito subyugando –cuando ya no le quedaba más salida– a una gran potencia del planeta. Noches en que recupera su sentido aquello que le da sentido al fútbol, esa presunción de que “en la cancha son 11 contra 11”. Una idea alentadora en un mundo donde la posibilidad del 11 contra 11 es tan remota, donde suelen ser seis mil contra siete, donde todo se compra o se impone. Sí, es cierto que la mayoría de los ecuatorianos no juega en Ecuador, que son activos del Chelsea o del Bayern o del PSG pero aún así: nos hacemos los tontos, nos enroscamos la bandera ajena y gritamos porque nos gusta que pasen estas cosas.