Samuel Morse (Capturas de video)“¿Qué ha hecho Dios?”. Esa fue la frase, tomada del Libro de los Números de la Biblia, que el 24 de mayo de 1844 cambió la historia de la humanidad para siempre. A través de un cable de cobre, estas cuatro palabras conectaron dos ciudades y achicaron el mapa del mundo, transformando la sala de la Corte Suprema de los Estados Unidos en Washington en el escenario del nacimiento de las telecomunicaciones modernas.Frente a una audiencia compuesta por científicos, políticos y funcionarios, el inventor Samuel Morse se paró ante su rudimentario aparato de metal y madera. Con manos firmes, accionó una pequeña palanca que traducía letras en una secuencia de impulsos eléctricos cortos y largos. Su objetivo era demostrar que la información, por primera vez, podía viajar más rápido que los trenes, a la velocidad de la electricidad.PUBLICIDADA unos sesenta kilómetros de allí, en la terminal de trenes de Baltimore, su socio Alfred Vail vigilaba el receptor electromagnético que completaba la hazaña. De pronto, la máquina comenzó a imprimir puntos y rayas sobre una cinta de papel en movimiento, transcribiendo de forma exacta el mensaje enviado desde la capital. Aquella transmisión formal inauguró la primera línea telegráfica comercial de Estados Unidos y marcó el inicio de una revolución mundial.El arte: "La Cámara de Representantes" (1822), de Samuel Morse, en la Galería Nacional de Arte, Washington
La tragedia personal que llevó a Samuel Morse a inventar el telégrafo eléctrico y achicar el mundo
La muerte de su esposa, una carta que llegó demasiado tarde y la obsesión por acortar las distancias y darle inmediatez a las comunicaciones. El pintor que transformó el dolor de una tragedia familiar en la tecnología que enseñó a la humanidad a comunicarse a la velocidad de la luz












