En la imagen de archivo, una japonesa con su teléfono móvil. EFE/Robert Gilhooly
Madrid (EFE).- Hace 150 años Alexander Graham Bell hizo la primera llamada telefónica de la historia: a su ayudante. Este experimento en un taller de Boston supuso la semilla de lo que hoy es una sociedad hiperconectada, con redes de alta velocidad, móviles inteligentes y grandes cantidades de datos.
«Señor Watson, venga aquí, quiero verle», fue la breve conversación que tuvo lugar el 10 de marzo de 1876 entre el inventor escocés y su ayudante Thomas Watson. Esta marcaría un nuevo punto de partida de las telecomunicaciones, aunque su intención inicial no era esa, sino renovar la red telegráfica, explica a EFE el profesor de Ingeniería de Telecomunicación en la Universidad Politécnica de Madrid, Antonio Pérez Yuste.
El propósito de Bell, añade este experto, «era mejorar la eficiencia de los sistemas telegráficos eléctricos existentes, consiguiendo transmitir más información con los mismos recursos», proponiendo así sustituir el tipo de corrientes que se denominaban «pulsatorias» por otras que él llamó «ondulatorias».
Ese cambio, añade Pérez, fue una idea de Bell para «un uso alternativo» del telégrafo, pero terminó siendo el inicio de la llamada, pues esta no es más «que el conjunto de una suma de frecuencias distintas».






