"Sin una ley internacional de derechos de autor, los escritores americanos bien podrían cortarse la garganta", escribió Edgar Allan Poe. El escritor estadounidense se veía afectado por las consecuencias de una normativa sobre propiedad intelectual demasiado laxa en su país: en el siglo XIX, las obras de los escritores de Estados Unidos solo estaban protegidas dentro de su territorio, por lo que cualquier editor podía publicar o reimprimir los libros de autores como Allan Poe en el resto del mundo sin autorización ni remuneración. Así que el escritor tuvo que ganarse la vida como periodista y no como escritor. Nunca sabremos si alguna obra brillante más habría salido de sus manos en caso de haber podido vivir cómodamente de la creación literaria.De esta forma, la deficiente legislación ponía en riesgo las creaciones de los escritores y, consecuentemente, la supervivencia de la propia actividad de la escritura. No había una ilegalidad; se podían pisotear los derechos de autor bajo el amparo de unas normas que permitían el expolio sin pagar ningún precio; y por eso Allan Poe reclamó una regulación internacional que arreglara aquel despropósito.La situación se corrigió y hoy está plenamente aceptado en el mundo desarrollado que la propiedad intelectual debe protegerse para no desincentivar la creación y la edición o afectar a su calidad. Según el Observatorio de la Sostenibilidad de la Cultura Escrita, elaborado por Cedro, el 94% de la población española considera que la propiedad intelectual es importante para el desarrollo de la sociedad.Sin embargo, hoy —en el tiempo de la saturación informativa, la intoxicación y las fake news— los medios de comunicación se enfrentan a usos no autorizados de sus contenidos, lo que representa un evidente riesgo para su supervivencia o el mantenimiento de su calidad.Los medios son los garantes del rigor informativo y del control de los poderes públicos y es necesario respetar sus derechos de propiedad intelectualEl rigor y la confianza son conceptos que acompañan, en general, a la prensa de calidad, que dedica grandes esfuerzos y volúmenes de recursos a crear las infraestructuras necesarias para elaborar contenidos solventes y fiables. Y todo este esfuerzo es a menudo amenazado por el uso que, de forma consciente o inconsciente, muchas personas hacen de sus contenidos. Sin el respeto a los derechos de propiedad intelectual, no solo se debilita la función social de los medios, sino también el modelo económico que permite su existencia.No ocurre como en Estados Unidos con los textos literarios durante el siglo XIX, porque aquí sí hay una protección legal. Pero los usos ilícitos más frecuentes son los que conllevan la distribución o la reutilización de "recortes de prensa" sin la autorización de los titulares de los derechos de autor dentro de las empresas o de las administraciones públicas).Lo que debe alertarnos de esta situación no es solo la preocupación por unas empresas que se ven afectadas por el uso ilegal del producto que comercializan, sino también, y sobre todo, el riesgo de perder un elemento tan necesario en las sociedades democráticas como es la prensa de calidad. Los medios de comunicación son los garantes al mismo tiempo del rigor informativo y del control de los poderes públicos y para su sostenibilidad es necesario reconocer y respetar sus derechos de propiedad intelectual. Si Allan Poe levantara la cabeza, tal vez podría escribir esta vez: "Sin un cumplimiento de la legislación sobre propiedad intelectual, los editores de prensa españoles bien podrían cortarse la garganta".