La tecnología está dando lugar a un machismo tan primitivo como el que existía en los pueblos asfixiados por la moral tradicional
El amor, el único infinito disponible...
en un mundo vacío de dioses.
(André Breton)
A propósito de la cuestión femenina, se me viene a la cabeza un episodio lejano. Ocurrió a mediados del siglo pasado, cuando aún no existían las pruebas de ADN y el derecho de familia, en Portugal, conservaba vestigios del Código de Hammurabi. En medio de los campos del sur, una joven, tras cumplir 15 años, decidió empezar a acostarse con los chicos de los alrededores. Era notorio que la veían levantarse de los campos de trigo, salir de los pajares, desaparecer tras muros ocultos y regresar muy sonriente de allí. Advirtieron a sus padres del baile que se traía su hija, pero estos solo lo creyeron cuando el cuerpo de la joven empezó a cambiar de formas y un embarazo prominente se hizo visible para todos. Nosotros, los niños, tuvimos entonces la oportunidad de adentrarnos en los misterios de la procreación a través de aquel caso tan explícito, ya que la joven, que apenas nos doblaba en edad, servía como ejemplo vivo y tangible de lo que sucedía cuando una mujer se acostaba con un hombre. De esta manera, a puerta cerrada, se discutía una cuestión importante: ¿de quién sería la paternidad de la criatura?






