La nueva tecnología aprende y se alimenta de océanos de datos provenientes de una sociedad que ha sido y sigue siendo asimétrica en la forma de tratar a hombres y mujeres

En la carrera por la automatización hemos pasado por alto una verdad incómoda: la inteligencia artificial (IA) no se limita a procesar datos; también refleja los valores que circulan en la sociedad. Para las nuevas generaciones, los modelos de lenguaje han dejado de ser simples herramientas y se han transf...

ormado en un espacio social más, un entorno donde contrastan ideas y moldean su identidad. Pero esa interacción aparentemente fluida y neutral encierra una paradoja, ya que, lejos de situarse al margen de las desigualdades, la automatización inteligente puede actuar como un reflejo distorsionado que las reproduce bajo la apariencia de objetividad.

La IA no se crea en un vacío aséptico. Aprende y se alimenta de océanos de datos provenientes de una sociedad que ha sido y sigue siendo asimétrica. En consecuencia, cuando estos sistemas procesan patrones históricos, no necesariamente proyectan un horizonte superador, sino que reorganizan información que ya contiene huellas de esa desigualdad. Mientras la tecnología vuela, nuestra mirada crítica no evoluciona al mismo ritmo.