Ramon Súrio 24/05/2026 06:48 Actualizado a 24/05/2026 07:22 Cantante: Bad BunnyLugar y fecha: Estadi Olímpic Lluis Companys (23/V/2026)Puntuación: ★★★★✩Tras dejar Bad Bunny en el suelo del escenario su gorro con orejeras, guantes y micro, al final de “EoO”, la última canción de su segundo concierto en Montjuïc, después de dos horas y cuarenta minutos de espectáculo, salimos del Estadio Olímpico entre estruendosos fuegos de artificio. El gentío que lo había seguido desde fuera del recinto servía para corroborar la magnitud del impacto del músico boricua. Su gran éxito trasciende lo musical y cabe calificarlo de fenómeno sociológico. Y es que muy lejos queda aquel músico que actuó en 2017 por primera vez en una discoteca de Lleida, antes de publicar su primer álbum. En tan solo nueve años se ha convertido en un fenómeno que traspasa por completo el ámbito del reguetón y la música urbana.La mejor prueba es la primera parte de su actual gira, el DeBÍ TiRAR MáS FOToS World Tour, en la que parece un cruce entre crooner y capo, trajeado de modo impecable para ponerse al frente de una poblada orquesta e imitar a sus ídolos salseros. Y aunque como cantante ande algo lejos de la dimensión de paisanos que fueron leyendas, como Cheo Feliciano, Ismael Rivera y no digamos el inigualable Héctor Lavoe, da el pego contando en Callaíta la historia de una chica que habla poco pero es atrevida, entre metales que restallan, cueros y tumbao sabroso. O cuando se lamenta de la maldad de otra chica en Pitorro de coco, entre el virtuosismo de las cuerdas del cuatro portorriqueño. Por no hablar de Weltita y su guiño a La flaca de Jarabe de Palo o el bolero Turista, con trompeta y bongos. Aunque nada como los estallidos de satisfacción que procuraron sus nuevos éxitos Baile inolvidable y Nuevayol, ambos epítomes de su buen hacer en lo que a efectivos estribillos y pericia narrativa se refiere, con mensaje y citas, como la que hace a Willie Colón. Y es que por momentos parecían émulos de la Fania All-Stars. Sobró una intro de teclados y algunos solos, alargando en exceso la cosa, aunque a la postre fue pecata minuta.Bad Bunny en el primer concierto en Barcelona Nacho Vera / PropiasLo mismo que cuando se trasladó al segundo escenario, el de la casita rosada, donde tiene lugar el momento más celebrado por sus fans, cuando se dedica en cuerpo y alma al reguetón, rodeado de amigos, conocidos y algún que otro famoso, menos que el día anterior, aunque por ahí se pudo ver al influencer Ibai Llanos o la actriz Úrsula Corberó y también estaban, aunque no se dejaran ver, Gerard Piqué y Riqui Puig. Allí el Conejo Malo, ya con chándal, pantalón corto y relajado, estimuló el perreo entre el delirio de sus seguidores que le corearon todas las rimas y fraseos, empalmando un tema tras otro en una especie de mix que empezó en la parte baja de la casita, mascando chicle, bebiendo e incluso tumbado en el suelo. Entre ellas sonó Tití me preguntó, en la que colecciona amores en una letra a las antípodas de “Yo perreo sola”, pero ¿qué sería de él sin las contradicciones?Tampoco se cortó en parar la música y estarse sus buenos minutos con los fans, chocando manos, abrazándose o firmando un autógrafo en una zapatilla. Luego, en los momentos culminantes, se subió al tejado y allí no estuvo ni Bad Gyal ni la esperada Rosalía. El único invitado fue su colega y paisano Bryant Myers con el que hicieron tres temas. La exclusiva Triste, una canción del invitado que grabaron juntos en su álbum “La oscuridad”, y luego rescataron Seda —donde repiten “la tengo sometida a mis nueve inch, yeah, yeah”— antes de rematar la faena con la añeja Pa ti, otra píldora de reguetón de estrofas bien explícitas: “Dile a tu ex que no se pase de listo/O le mando un pasaje pa’ allá arriba con Jesucristo” y “Borré toas’ las putas de mis contactos/Baby tú eres una diabla y mi bicho contigo hizo un pacto”. Mientras volvía al escenario principal, dejó en la casita a Los Pleneros de la Cresta para que amenizaran, a base de voces y panderos, con la plena, un folklore genuino del archipiélago que recuerda a los trabajadores de la caña de azúcar.Bad Bunny en el primer concierto en Barcelona Alejandro García / EFEEn el tramo final tuvo gran protagonismo el cuerpo de baile, desde el romanticismo de Ojitos lindos, al que siguió La canción que grabó con J Balvin, rubricada por un arreglo de trompeta incluso jazzie. Siguieron con el reguetón melancólico de Kloufrens para abordar el desamor, antes de Yonaguni, donde aparece la desazón del deseo por un amor prohibido. Como contraste absoluto la denuncia de El apagón, envuelta en un arreglo electrónico que convirtió el estadio en una especie de rave, antes de la comunión total que fue Debí tirar más fotos, una canción, rítmica y a la vez melódica, coreada a grito pelado, que es la mejor manera de entender por qué —haciendo un símil con el nombre de El Gran Combo de Puerto Rico, una de las mejores orquestas de la historia de la música latina— Bad Bunny se ha convertido en: El Gran Fenómeno de Puerto Rico.