Después de diez noches y más de 640 mil espectadores, según cifras provisionales, Bad Bunny salió la noche del lunes 15 de junio coronado como rey de la música latina tras su histórica residencia en Madrid.
En total fueron doce conciertos, incluidos los dos de Barcelona, y unos cien mil espectadores más, con los que saldó la deuda de más de siete años que llevaba sin actuar en España y logró reunir a "la familia latina" presente en Europa.
Pese a las polémicas por los precios, el sistema de venta de entradas y los criterios excluyentes para la selección de invitados a su ya famosa "casita", el "conejo malo" superó las expectativas de sus seguidores.
"Este es un show para disfrutar de las cosas sencillas de la vida: cantar, reír, bailar, sudar" y para "olvidar lo que está pasando afuera y disfrutar en familia", dijo ante un público enfervorecido.
El concierto, de casi tres horas, mantuvo la misma estructura a lo largo de toda la residencia: una primera parte más salsera en el escenario central, vestido de traje junto a la banda tradicional Los Sobrinos de Puerto Rico, y una segunda en la "casita", más trapera, vestido con gorra y sudadera.













