En el casco antiguo de Jaén, cruzando el emblemático Arco del Consuelo, se encuentra una legendaria taberna fundada en 1888 que ostenta el título de ser la más antigua de la ciudad. Este rincón de solera no solo es célebre por sus chatos de vino y sus tapas tradicionales, sino por custodiar un tesoro que desafía el paso de los años: un jamón momificado. Esta pieza, conocida como el jamón ‘indultado’, cuelga hoy en una vitrina ante la mirada atónita de los clientes que se acercan a degustar la gastronomía local. Lo que parece un simple trozo de carne seca es el epicentro de una leyenda romántica y curiosa.

La historia se remonta al año 1918, justo cuando la Gran Guerra llegaba a su fin y Europa buscaba un nuevo amanecer de paz. En aquel contexto, José María López Cruz, el fundador de la dinastía de la taberna, recibió en la penumbra de su bodega a un grupo de extranjeros que buscaban algo de discreción para descansar y comer. Entre ellos destacaba una mujer rubia de ojos azules, cuya belleza fue descrita como una aparición divina en la Jaén de principios del siglo veinte. Los relatos populares aseguran que se trataba de una princesa rusa que huía hacia el sur, camino a Gibraltar, para embarcar hacia el exilio americano. Aquella presencia marcaría para siempre el destino de uno de los jamones que colgaban del techo.