Un establecimiento cerrado de 19,2 metros cuadrados acompañado de una tarima de madera de 50 metros, además de baños químicos, depósitos de agua, sombrillas, mesas y sillas. Es lo que una empresa proyecta en el enclave en un área especialmente sensible de Eivissa ante la indignación de vecinos y ecologistas que han coincidido en que sería una “locura” poner un quiosco allí.

La posibilidad de la construcción, que abarcaría una superficie de unos 70 metros cuadrados, ha generado revuelo en un momento en el que las autoridades baleares e incluso el Tribunal Superior de Justicia de les Illes Balears (TSJIB), a través de recientes resoluciones, abogan por aligerar la costa, muy saturada ya de este tipo de servicios temporales.

Se trata de un área de piscinas de marès (una roca propia de las Islas) y con riesgos para la población en caso de masificación, ya que se trata de una zona acantilada y donde no hay otros servicios destinados al turismo. “Es en un lugar que tiene sus riesgos para la ciudadanía porque está muy cerca de un precipicio y muy pegada a la pared de sa Pedrera –área rocosa natural–, no tiene sentido arriesgarse a que se pueda dar una acumulación de gente allí”, valora Neus Prats, portavoz del GEN–GOB.