Desde la planta donde se concentran los despachos de los directivos que gestionan el día a día del Àrea de Salut d’Eivissa i Formentera se ven puntos naranjas, azules y grises. Son los colores de las tiendas de campaña que se han plantado en un terreno que linda con el Hospital Can Misses. Desde principios de mayo hay decenas de infraviviendas –también barracas alzadas con madera y pladur– en una lengua de tierra situada entre el complejo hospitalario y el segundo cinturón que circunvala la capital ibicenca. Suelo público que pertenece al Ajuntament d’Eivissa. Hace años, el Consistorio firmó un convenio con el Ib-Salut –el servicio sanitario de las Illes Balears– para cederle el uso de una parcela que permaneció vacía durante un largo período. Ahora hace falta. ¿La razón? Las obras que durante dos años trasladarán el trabajo de un centro de salud hasta el hospital público.

Es Viver es uno de los tres centros de salud situados en Vila, el topónimo popular del municipio de Eivissa, el más poblado de la isla: 56.000 habitantes. Para absorber el gran flujo de pacientes –al menos, 25.000 tarjetas sanitarias– que se moverán hasta Can Misses, la gerencia de la sanidad pitiusa tiene previsto ubicar un aparcamiento en el terreno municipal. No bastará con desbrozar esa hectárea y media repleta de pinos y matorrales de sabinas, aplanar el firme, volcar unos camiones de grava. Los puntos naranjas, azules y grises que colorean la maleza confirman que la finca se ha convertido en un refugio. De personas sin hogar. También será necesario desahuciarlas.