Varios de los empleados de la hostelería o la construcción que malviven en casetas y tiendas de campaña por la falta de recursos habitacionales ya han sido desahuciados de otros terrenos
Ahmed, de 35 años, originario del Sáhara Occidental, ha trabajado el viernes por la mañana en un hotel de cinco estrellas. Por la tarde, al finalizar su turno, ha regresado a la cabaña que se ha construido con maderas y cartones en un terreno salpicado de infraviviendas situado en la zona de Sa Joveria, junto al hospital de Can Misses de Ibiza. La historia de Ahmed es la de otros muchos y se replica desde hace años. Trabajadores que malviven en casetas construidas con maderas, en caravanas en dudoso estado de conservación o en tiendas de campaña compradas en una popular tienda de artículos deportivos. Cocinan al raso con bombonas de butano, cogen el agua para abastecerse de las fuentes públi...
cas y se asean en polideportivos, gimnasios o en sus lugares de trabajo. Es el único recurso que decenas de personas han encontrado en una sociedad salvaje que reclama casi la totalidad del salario para obtener un alquiler legal.
Alrededor de 200 personas que desde hace meses habitan en dos solares ubicados en las zonas de Sa Joveria y en un terreno junto al estadio de fútbol de Can Misses serán desalojadas de estos asentamientos a lo largo del mes de abril. El drama de muchos de ellos es que son repetidores: ya fueron desahuciados en julio del año pasado del enorme asentamiento de Can Rova, en Santa Eulària, en el que llegaron a vivir más de 200 personas. Y cuando sean desalojados de nuevo, tendrán que volver a empezar.






