Durante mucho tiempo, el dolor ha sido estudiado por la medicina como una señal clara de alerta. Sin embargo, un gran número de personas tiene ideas erróneas sobre su significado, especialmente cuando se presenta de forma periódica en los adultos mayores. La creencia más extendida y simple es que una dolencia se muestra como una prueba automática de daño físico: si duele, algo está roto. Encarna Espunya discute esa idea.En una entrevista, la fisioterapeuta sostiene que, en muchos cuadros persistentes, el dolor no responde tanto a una lesión actual del tejido como a una lectura de amenaza por parte del sistema nervioso. De ahí su frase más potente: “Cuando el dolor se activa por el viento o cambios en el sueño, no suele haber daño en el tejido, sino una percepción de amenaza por parte del cerebro”.Lo primero que hace Espunya es separar síntomas de daño estructural. Así, afirma que la creencia más perjudicial es asumir que el dolor crónico es para siempre y cuestiona la asociación automática entre envejecimiento y molestias permanentes. Para ella, ese vínculo “no está justificado desde el punto de vista científico”. Su planteo no niega que existan lesiones o enfermedades, pero sí advierte que no todo dolor persistente debe leerse de la misma manera.Encarna Espunya: “El dolor se construye en el cerebro: es una interpretación, una valoración de amenaza”Para orientar esa lectura, la reconocida fisioterapeuta propone evaluar un dolor bajo los criterios FID: funcional, inconsistente y desencadenado por causas no lesivas.Explica que el dolor es funcional cuando cambia de lugar sin un patrón estable; inconsistente cuando aparece en una situación y no en otra muy similar; y desencadenado por causas no lesivas cuando lo activan factores inocuos, como una brisa fuerte, ciertos alimentos o dormir más o menos horas. En cualquiera de esos casos, lo que estaría alterado no sería necesariamente el tejido, sino la “valoración de amenaza” que hace el sistema nervioso. “El dolor se construye en el cerebro: es una interpretación, una valoración de amenaza”, afirma la experta. Espunya también destaca la importancia de las emociones y la memoria corporal. El miedo, la ansiedad y el estrés de que una molestia se presente o se agudice juegan un papel crucial en la salud del paciente con dolores crónicos.Su visión del dolor crónico es biopsicosocial: intervienen el cuerpo, la mente, el aprendizaje y el contexto. Por eso, propone “reeducar” la respuesta al dolor y entrenar al sistema nervioso para que deje de leer determinadas señales como amenazas constantes.La frase sobre el viento o el sueño no busca minimizar el dolor, sino explicar por qué a veces duele incluso cuando no hay un daño nuevo que lo justifique. En ese punto, su mensaje es claro: comprender mejor cómo funciona el dolor puede ser parte del camino para reducirlo.