Las montañas rusas de la política española no descansan. Ahora es José Luis Rodríguez Zapatero quien desciende vertiginosamente. El auto del juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama, dado a conocer esta semana, sostiene que el expresidente del Gobierno (2004-2011) debe ser sometido a exhaustiva investigación por un presunto delito de tráfico de influencias y blanqueo de dinero en la gestión del rescate de la compañía aérea Plus Ultra en plena pandemia. El auto no es un acta de acusación. Es una exposición razonada de los elementos que conducen a la apertura de una instrucción judicial, con el preceptivo aviso a las personas que pasan a ser investigadas. (Hasta 2015, el calificativo era imputado, pero se modificó la ley de Enjuiciamiento Criminal en beneficio de un lenguaje más suave). Imputado o investigado, Zapatero se halla en estos momentos en la cinta transportadora del escándalo público. Felipe González, su gran adversario en el PSOE desde que Zapatero impulsó la reforma del Estatut de Catalunya, calificó ayer el auto de “impresionante” y dijo sentir una “gran tristeza” por lo que está ocurriendo. Los elementos documentales que aparecen en el documento judicial extienden una alfombra de dudas sobre la operativa del expresidente en Venezuela, país por el que siempre tuvo preferencia tras llegar a la Moncloa en abril del 2004. Venezuela es hoy un país intervenido por Estados Unidos. Nicolás Maduro se halla en una cárcel de alta seguridad en Nueva York, después de ser secuestrado por un comando de operaciones especiales a principios del pasado mes de enero. El grupo dirigente venezolano, en la práctica capturado por la Administración Trump, se halla en fase de descomposición; las fidelidades están en venta en Caracas, y Zapatero tiene abierto un expediente en Washington desde que en abril del 2004 retiró las tropas españolas de Irak.No deja de ser significativo que los elementos más adversos contra Zapatero hayan sido aportados a la Unidad de Delitos Económicos y Financieros de la Policía Nacional por la Oficina de Investigaciones de Seguridad Nacional de Estados Unidos, a cuyos agentes en Madrid fue encomendada la tarea de desencriptar un teléfono móvil intervenido al empresario venezolano Rodolfo Reyes Rojas, ex directivo y accionista de Plus Ultra. En un chat conservado en ese móvil, Zapatero aparece citado en varias ocasiones como presunto mediador para la obtención del rescate de Plus Ultra. Lee tambiénLos datos desencriptados por la el HSI (Homeland Security Investigation) dan fuerza, nervio y color a la investigación judicial. Las conversaciones privadas en un chat de directivos de Plus Ultra apuntan a la intervención de Zapatero para la consecución de un crédito estatal español de 53 millones de euros para afrontar la situación creada por el coronavirus. La compañía habría pagado un 1% por las gestiones. No está demostrado en estos momentos que el Gobierno aprobase ese rescate infringiendo las normas. Este es un dato clave para el desarrollo del proceso.¿Es la primera vez que un expresidente del Gobierno cobra una comisión por alguna gestión en la esfera gubernamental? Es difícil afirmarlo o negarlo en un país en el que no existe una regulación específica sobre la transparencia de los lobbies, lo cual no deja de ser significativo en un Madrid cada vez más poblado de consultorías participadas por personas con experiencia en la política profesional.Sí es la primera vez que la sospecha se cierne sobre un expresidente que ha demostrado interés por dos países, Venezuela y China, que la actual guerra fría ha considerado ‘adversarios’ del bloque occidental.Zapatero tenía dos años en el momento más tenso de la primera guerra fría (la crisis de los misiles en Cuba en 1962). Quizá nunca llegó a asimilar lo que significa un mundo dividido en dos bloques. Que una empresa participada por sus dos hijas aparezca como presunta receptora de comisiones profesionales añade un tono de patetismo a los hechos que describe el auto judicial.Cabe sospechar que Zapatero puede haber estado jugando con fuego en ámbitos geopolíticos de alto riesgo. Una de las 18 agencias de inteligencia de Estados Unidos ha descodificado un teléfono cuyo contenido le coloca en el disparadero, en un momento en que Estados Unidos ha tomado el control de Venezuela y se prepara para intervenir en Cuba. Estamos en una nueva fase de reparto de las zonas de influencia en el mundo. La historia enseña, pero muchas veces no tiene alumnos.Para el PSOE cada final de curso es un drama. Pronto hará un año, en julio del 2025, fue detenido Santos Cerdán, secretario de organización del partido, acusado del presunto cobro de comisiones ilegales y del amaño de contratos públicos. Cerdán ingresó en prisión preventiva, habló poco, y hoy se halla en libertad provisional a la espera de que culmine la instrucción judicial. Seis meses después, en noviembre del 2025, en vísperas de otro periodo vacacional, era detenido José Luis Ábalos, ex secretario de organización del PSOE (antes que Cerdán), ex ministro de Transportes, ex número dos de Pedro Sánchez cuando este presentó la moción de censura contra Mariano Rajoy en mayo de 2018. Ábalos se halla en estos momentos en prisión. Seis meses después, en puertas de junio del 2026, el caso Zapatero.Primera pregunta: ¿Puede aguantar Sánchez tanta presión adversa? Zapatero no forma parte del Gobierno, ni ocupa ningún cargo orgánico en el PSOE, después de renunciar a la secretaría general en febrero del 2012, hace catorce años. Sin embargo, el expresidente ha reemergido estos últimos años como figura de referencia del PSOE virado a la izquierda. Ha sido un gran animador de las últimas campañas electorales socialistas. No apoyó a Sánchez en las primarias del 2017 -Zapatero también dio respaldo a la dirigente andaluza Susana Díaz-, pero se aproximó al actual presidente cuando este recuperó el liderazgo del partido y conquistó el Gobierno en 2018.Segunda pregunta: ¿Qué piensa hacer el Partido Popular? ¿Se atreverá Alberto Núñez Feijóo a presentar una moción de censura antes de que acabe el año? “No tenemos los números, nos faltan cuatro votos’ responden en el Partido Popular. Los populares no quieren perder una votación parlamentaria referida a la continuidad de Sánchez. Saben que es muy difícil obtener el apoyo de Junts, del Partido Nacionalista Vasco y de Vox al mismo tiempo, ni que sea con el compromiso de convocar elecciones de manera inmediata. Carles Puigdemont se halla a la espera de una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) sobre la aplicación de la ley de amnistía, y el PNV gobierna en Euskadi con el PSOE vasco y tiene como principal adversario electoral a EH Bildu, que le compite por la izquierda. Hasta fecha reciente, Zapatero fue interlocutor de Puigdemont, al que visitó en diversas ocasiones en Waterloo.En Génova tienen miedo al marcador electrónico del Congreso y seguramente confían en que su adversario llegue literalmente desangrado a las elecciones locales y autonómicas previstas para mayo del 2027. El margen de maniobra de Sánchez puede haber menguado estos días de manera muy considerableEn 1980, mayo de 1980, Felipe González supo aprovechar el mecanismo constitucional de la moción de censura para consolidarse como indiscutible líder de la oposición y anunciar las líneas maestras del programa alternativo de los socialistas. Adolfo Suárez empezaba a estar muy desgastado y había ruido de sables en España. González sabía que no tenía los ‘números’ para ganar esa moción, ni siquiera ansiaba ganarla, pero fue su gran trampolín. Convenció al país que existía una alternativa razonable. Núñez Feijóo parece temer el aura de hombre derrotado si presenta la moción. Teme que Sánchez consolide la leyenda de gran resistente, pese a las adversidades que se van sumando en su contra.El embajador de Estados Unidos en España, Benjamín León, recibió ayer en su residencia al líder de Vox, Santiago Abascal. Se fotografiaron juntos. He ahí un gesto que no puede pasar inadvertido. Vox no puede presentar una moción de censura en esta legislatura: le faltan dos diputados para alcanzar las 35 firmas necesarias. No disponen de esa palanca, pero el embajador norteamericano recibe a Abascal en un momento acentuadamente crítico para el Gobierno. Estados Unidos ha bajado el pulgar. Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)
Moción de censura
La imputación de Zapatero deja al PSOE en shock y plantea una pregunta al PP: ¿qué hacer?










