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La buena noticiaDesde el principio, la Iglesia tuvo que articular la unidad en la diversidad.

La discriminación es el modo de manejar la diferencia entre humanos por medio de la exclusión. Su forma más radical es el racismo, que considera que las diferencias culturales como las fenotípicas de un grupo humano tienen fundamento biológico y manifiestan un grado diverso de humanización. El racismo dice que un grupo humano diferente es tal porque no ha alcanzado el grado de humanidad igual al otro grupo que así lo juzga. La discriminación se da en todas las culturas. Las expresiones pueden ser groseras y patentes o también sutiles y latentes. En las culturas influidas por la fe cristiana se ha logrado mitigar hasta cierto punto.

De modo lento y a paso de siglos, dos ideas han contribuido al cuestionamiento de la discriminación y el racismo en el ámbito cristiano. Una procede de las Escrituras judías de que todos los hombres y mujeres somos descendientes de Adán y Eva, creados a imagen de Dios y, por lo tanto, igualmente humanos. Otra es la convicción de que Cristo es salvador de todos los hombres, porque todos son igualmente pecadores y mortales y ante él las diferencias raciales o culturales no tienen importancia en cuanto a la capacidad de beneficiarse de su salvación. A pesar de todo, la discriminación más o menos atenuada se manifiesta aquí y allá incluso en el ámbito de las culturas cristianas; no digamos nada de las que son ajenas a ese influjo.