Hay historias de amor que se viven al margen del matrimonio; son historias que tratan el adulterio como un escape, una grieta en el tejido burgués donde la fuerza de la costumbre -y de la gravedad- mata la pasión. En el caso de los hombres, el entusiasmo sólo se recupera cuando la pasión se actualiza en la esposa de otro. De esa manera, con el adulterio se regresa al misterio del amor, cuando el apetito venéreo se abre con la caza furtiva y su trajín carnal.

De historias así se nutren cientos de películas y otras tantas canciones. Parejas a punto de romperse que, si no se rompen, es porque el miedo al vacío no permite la quiebra; son historias que, llegado el momento, se viven como una película. Y es aquí donde entra el golpe al corazón de Francis Ford Coppola y su cinta maldita: One from heart que, por estas tierras, se tituló Corazonada, con una Nastassja Kinski haciéndoselo de acróbata circense, recién salida de una grieta de la noche, coloreada por la luz viciosa de Las Vegas; un escape para el protagonista tras dejar atrás su matrimonio.

La película se rodó en los estudios Zoetrope; un despliegue de decorados que llevaron a Coppola a la orilla del desastre donde Tom Waits cantó el obsceno sabor de la derrota, arrastrando su voz por caminos de polvo que sólo la música pudo levantar. “Abrázame niño tonto”, le canta Crystal Gayle en una de las canciones, una banda sonora que tiene tanto protagonismo como cualquiera de los personajes que aparecen en la película. Algún día de estos hablaré de Tom Waits y de otro de sus discos, el titulado Rain Dogs, pues la canción que lo abre -Singapore- le sirve al escritor Alfons Cervera para dar nombre a una mujer destruida sobre el paisaje marginal de su última novela. Una lectura que traspasa, como todo lo escrito por este autor de la Serranía valenciana; una firma que merece más reconocimiento del que se le está dando. Pero no me quiero despistar. Vine aquí a hablar de una película condenada a ser maldita.